Hay personas que parecen mantener cierta estabilidad incluso cuando alrededor todo se acelera. No necesariamente hablan despacio, meditan cada mañana ni viven sin preocupaciones. Simplemente tienen una forma relativamente estable de afrontar los contratiempos, las emociones intensas y los conflictos.
Podemos hablar informalmente de personalidad calmada para describir este patrón, aunque no existe un tipo psicológico oficial con ese nombre. Desde modelos como los Big Five, algunas de estas características pueden relacionarse con una menor tendencia al neuroticismo, una mejor regulación emocional o determinadas formas de afrontar el estrés. Pero ser tranquilo no significa carecer de emociones.
De hecho, una persona calmada puede enfadarse, tener miedo o sentirse desbordada. La diferencia suele estar más en qué hace con esas emociones que en si las experimenta o no.
Qué entendemos por personalidad calmada
Una persona tranquila suele mostrar una reactividad emocional relativamente contenida y cierta capacidad para recuperar el equilibrio después de situaciones estresantes. La investigación sobre personalidad muestra que existen diferencias importantes entre individuos tanto en la percepción del estrés como en la intensidad y duración de sus respuestas emocionales.
No debemos imaginarlo como una categoría cerrada. Alguien puede ser muy tranquilo en el trabajo y bastante reactivo en una relación sentimental. También puede ser calmado y extrovertido, serio, divertido, ambicioso o muy competitivo.
Es, por tanto, más útil hablar de un conjunto de tendencias que de una etiqueta fija.
12 rasgos y conductas típicas de las personas tranquilas
1. No reaccionan inmediatamente a todo
Una de las diferencias más visibles es el pequeño espacio que dejan entre lo que ocurre y su respuesta.
Si reciben una crítica, una noticia desagradable o un comentario que les molesta, no siempre sienten la necesidad de reaccionar en ese mismo segundo. Esperar unos minutos puede evitar que una emoción momentánea determine toda la conversación.
Esto contrasta con perfiles más impulsivos, aunque tampoco significa que una reacción rápida sea siempre negativa.
2. Distinguen entre un problema y una catástrofe
Perder un tren es un problema. Equivocarse en una presentación es desagradable. Discutir con alguien puede afectarles durante unas horas.
Pero las personas calmadas tienden a conservar cierta proporción emocional. No convierten automáticamente cada inconveniente en una señal de que todo va mal.
Aquí tiene mucha importancia nuestra forma de interpretar lo que sucede. Existen distintos tipos de pensamientos, y algunos favorecen mucho más que otros la preocupación innecesaria.
3. Toleran razonablemente bien la incertidumbre
No necesitan saber inmediatamente cómo acabará cada situación.
Pueden esperar una respuesta, enfrentarse a cambios de planes o convivir durante un tiempo con preguntas sin resolver. Esto no significa que la incertidumbre les resulte agradable, sino que pueden funcionar aunque exista.
Quien necesita controlar continuamente lo que ocurre puede experimentar justo lo contrario. En esos casos aparecen algunos rasgos propios de una personalidad controladora.
4. Sienten las emociones sin obedecerlas automáticamente
Estar tranquilo no consiste en eliminar la ira o el miedo.
Una persona puede pensar "estoy muy enfadado" y, al mismo tiempo, decidir que ese no es el mejor momento para mandar un mensaje. Puede sentirse nerviosa antes de una reunión y entrar igualmente.
La regulación emocional implica precisamente modificar nuestra relación con una emoción, no fingir que no existe. Las revisiones científicas muestran además diferencias individuales considerables en esta capacidad.
5. No necesitan ganar todas las discusiones
Las personas tranquilas suelen elegir mejor sus batallas.
Pueden defender con firmeza una cuestión importante y dejar pasar una discusión absurda cinco minutos después. No interpretan necesariamente cada desacuerdo como una amenaza personal.
Esto las diferencia de algunos patrones más rígidos. En una personalidad rígida, modificar una postura o aceptar otra perspectiva puede resultar bastante más difícil.
6. Suelen pensar antes de sacar conclusiones sobre los demás
Tu compañero responde con pocas palabras. Tu pareja parece distante. Un amigo cancela un plan.
Una reacción inmediata sería asumir que ocurre algo contigo. Una persona calmada suele considerar varias explicaciones antes de decidir qué significa una conducta.
Esta pausa reduce muchos conflictos innecesarios, especialmente en relaciones donde tendemos a interpretar demasiado rápido las intenciones ajenas.
7. Aceptan mejor los pequeños errores
Derramar el café, equivocarse de salida o decir una frase algo torpe no se convierte necesariamente en una revisión completa de su autoestima.
Las personas tranquilas suelen diferenciar entre haber cometido un error y ser un fracaso.
Esta habilidad puede ser especialmente importante en personas muy autoexigentes, que acostumbran a juzgar cada fallo con mucha más dureza. Si ocurre de manera habitual, puede relacionarse con algunos rasgos de la personalidad autoexigente.
8. No rumian cada interacción durante horas
Después de una conversación incómoda pueden pensar sobre lo sucedido, pero normalmente llega un momento en que dejan de hacerlo.
La diferencia es importante. Reflexionar ayuda a aprender. Dar veinte vueltas exactamente a la misma escena rara vez aporta información nueva.
Cuando este análisis se vuelve repetitivo y difícil de detener hablamos de procesos próximos a la rumiación mental.
9. Son capaces de recibir críticas sin responder siempre a la defensiva
Una crítica puede molestar incluso a alguien muy tranquilo. La diferencia está en que esa incomodidad no necesariamente desemboca en un contraataque.
Pueden preguntarse si existe algo útil en lo que acaban de escuchar y descartar el resto.
Cuando cualquier observación se interpreta como un ataque a nuestra identidad, en cambio, es frecuente que cueste aceptar las críticas.
10. Mantienen cierta estabilidad en sus hábitos
Dormir razonablemente bien, hacer ejercicio, descansar o disponer de rutinas sencillas no convierte automáticamente a nadie en una persona tranquila.
Pero disponer de cierta estructura puede reducir una parte del ruido cotidiano. No tener que improvisarlo absolutamente todo facilita reservar recursos mentales para los problemas que realmente importan.
La calma, en muchos casos, tiene menos de filosofía sofisticada y más de vida razonablemente ordenada.
11. No confunden tranquilidad con pasividad
Quizá sea el rasgo más importante.
Una persona calmada puede tomar decisiones difíciles, abandonar una relación, enfrentarse a alguien o trabajar intensamente por un objetivo. Lo que cambia es la cantidad de agitación interna necesaria para hacerlo.
También puede ser muy perseverante. De hecho, mantener un esfuerzo durante meses suele exigir bastante más estabilidad que entusiasmarse durante tres días. Algunos de estos rasgos aparecen también en la personalidad perseverante.
12. Suelen recuperar antes su equilibrio después del estrés
No podemos evitar todas las situaciones estresantes. Por eso importa tanto la reacción inicial como cuánto tardamos en volver a nuestro nivel habitual.
La investigación sobre personalidad y reactividad emocional muestra que existen diferencias individuales tanto en la sensibilidad ante estímulos negativos como en la persistencia posterior de las emociones.
Una persona tranquila también puede tener un día horrible. Lo característico es que ese día no necesariamente se convierte en una semana horrible.
Ser tranquilo no siempre significa gestionar bien las emociones
Aquí conviene introducir una distinción importante. Hay personas que parecen extraordinariamente calmadas porque regulan bien sus emociones y otras porque evitan expresarlas.
No enfadarse nunca, no decir lo que molesta o responder siempre "no pasa nada" puede parecer serenidad desde fuera, aunque internamente exista mucha tensión.
Calma y supresión emocional no son sinónimos. Una buena regulación permite reconocer lo que sentimos y actuar de manera proporcionada. Reprimir sistemáticamente una emoción consiste en algo diferente.
Tampoco debemos convertir la tranquilidad en una virtud universal. Hay situaciones que requieren indignación, rapidez o una respuesta firme.
¿Se puede aprender a ser una persona más tranquila?
Parte de nuestra reactividad tiene relación con diferencias relativamente estables de personalidad, pero eso no significa que todo esté predeterminado.
Podemos mejorar la forma de responder al estrés, cuestionar interpretaciones catastrofistas, dormir mejor, tolerar cierta incertidumbre y aprender a detener una reacción antes de actuar.
El objetivo tampoco debería ser permanecer imperturbable ante cualquier circunstancia. Una vida psicológicamente sana contiene enfado, nervios, alegría, tristeza y frustración.
La verdadera ventaja de una personalidad calmada no consiste en sentir menos. Consiste en que una emoción intensa no tenga automáticamente que decidir qué hacemos a continuación.
Preguntas frecuentes
¿Qué es una personalidad calmada?
Es una expresión descriptiva para referirse a personas que suelen mostrar menor reactividad, buena regulación emocional y cierta estabilidad ante los contratiempos. No constituye un tipo de personalidad clínico reconocido.
¿Las personas tranquilas sienten menos emociones?
No necesariamente. Pueden experimentar emociones muy intensas, pero suelen reaccionar de manera más proporcionada o recuperar antes su equilibrio después de una situación estresante.
¿Ser tranquilo significa ser introvertido?
No. Introversión y tranquilidad describen aspectos diferentes de la personalidad. Una persona puede ser extrovertida, sociable y expresiva y, al mismo tiempo, reaccionar con mucha calma ante los problemas.
¿Se puede aprender a ser más tranquilo?
Sí, al menos en parte. Estrategias de regulación emocional, reducción de la rumiación, hábitos saludables y una mejor tolerancia a la incertidumbre pueden ayudar a reaccionar de una manera menos impulsiva ante el estrés.
Fuentes
- Luo J et al. - The Stressful Personality: A Meta-Analytical Review of the Relation Between Personality and Stress
- Nguyen et al. - Individual differences in emotional reactivity: A multidimensional systematic review across the Big Five
- Morawetz C, Basten U - Neural underpinnings of individual differences in emotion regulation: A systematic review
- Soliemanifar O et al. - Relationship between Personality and Biological Reactivity to Stress: A Review
- Langer K et al. - The effects of stress hormones on cognitive emotion regulation: A systematic review and integrative model
