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Infoxicación: qué es, 12 causas posibles, y cómo te afecta

La infoxicación aparece cuando la cantidad de información que recibes supera tu capacidad real de procesarla con calma. No se trata solo de leer muchas noticias o de pasar demasiado tiempo en redes...

Infoxicación: qué es, 12 causas posibles, y cómo te afecta

Nunca habíamos tenido tanta información disponible como ahora. En cuestión de segundos podemos consultar las noticias de cualquier país, buscar síntomas médicos, comparar productos, conocer opiniones de cientos de personas o descubrir qué está haciendo alguien que vive a miles de kilómetros. En muchos sentidos esto es una enorme ventaja, pero también nos obliga a gestionar una cantidad de estímulos para la que no siempre estamos preparados.

A mí mismo me ha ocurrido alguna vez: empiezas buscando información sobre un tema concreto porque quieres resolver una duda y, después de un rato, descubres que has leído diez artículos, abierto varias pestañas y encontrado opiniones completamente contradictorias. Curiosamente, en lugar de sentir que sabes más, acabas más preocupado que al principio.

Este fenómeno suele conocerse como infoxicación, aunque también encontrarás términos como sobrecarga informativa, information overload, fatiga informativa o ansiedad informacional.

La infoxicación no es un trastorno psicológico ni implica necesariamente que exista un problema de salud mental. Sin embargo, cuando vivimos constantemente expuestos a información, notificaciones, titulares y opiniones, podemos terminar sintiéndonos mentalmente saturados. En algunas personas esto se manifiesta como cansancio; en otras, como dificultades para concentrarse, preocupación constante o sensación de no poder desconectar.

¿Qué es la infoxicación?

Podemos hablar de infoxicación cuando la cantidad de información que recibimos empieza a superar nuestra capacidad para seleccionarla, procesarla y utilizarla de una manera útil.

La clave no está simplemente en consumir mucha información. Podemos pasar varias horas leyendo un buen libro y disfrutar enormemente de la experiencia. Lo que resulta especialmente agotador es recibir fragmentos de información muy distintos entre sí, cambiar constantemente de tema y sentir que siempre existe algo más que deberíamos consultar.

Internet favorece especialmente esta dinámica porque prácticamente no tiene un punto final. Después de leer una noticia aparece otra relacionada; después de ver un vídeo encontramos diez recomendaciones más; cuando buscamos información sobre una preocupación concreta, el buscador puede ofrecernos miles de resultados.

En ocasiones llegamos incluso a una situación paradójica: seguimos buscando información para tranquilizarnos, pero cada nueva búsqueda genera nuevas dudas.

Esto puede observarse con facilidad en personas que tienden a preocuparse. Imaginemos que sentimos un pequeño dolor de cabeza y decidimos buscar sus posibles causas. Después de veinte minutos hemos leído sobre cinco enfermedades diferentes, conocemos síntomas que antes ni siquiera habíamos considerado y empezamos a observar nuestro cuerpo buscando señales de todas ellas. La información que debía tranquilizarnos acaba generando más incertidumbre.

Este mecanismo puede relacionarse con algunas dinámicas propias de la ansiedad, aunque sentirse saturado de información no significa necesariamente padecer un trastorno.

12 posibles causas de la infoxicación

La sobrecarga informativa rara vez depende de un único factor. Normalmente aparece por la combinación entre la enorme disponibilidad de información actual, el diseño de las plataformas digitales y nuestra propia forma de relacionarnos con ellas.

1. Tenemos una cantidad de información prácticamente ilimitada

Hasta hace relativamente poco, acceder a determinada información requería bastante esfuerzo. Había que comprar un periódico, buscar un libro, acudir a una biblioteca o consultar a alguien que conociera el tema. Actualmente podemos hacer prácticamente todo eso desde el sofá y en pocos segundos.

Esta facilidad tiene innumerables ventajas, pero ha creado un problema nuevo: antes teníamos que decidir cómo conseguir información; ahora necesitamos aprender cuándo tenemos suficiente y podemos dejar de buscar.

Y esa segunda habilidad no siempre resulta sencilla.

2. Vivimos conectados durante gran parte del día

El móvil ha conseguido que la información nos acompañe prácticamente desde que nos despertamos hasta que nos acostamos. Revisamos mensajes mientras desayunamos, escuchamos un podcast de camino al trabajo, recibimos correos durante la jornada y miramos redes sociales cuando tenemos unos minutos libres.

No hace falta que busquemos activamente información para recibirla. Las notificaciones, alertas y recomendaciones se encargan de traerla hasta nosotros.

Por eso, uno de los problemas de la infoxicación no es únicamente cuánto consumimos, sino la dificultad para encontrar espacios en los que nuestra atención no esté recibiendo estímulos nuevos.

3. Recibimos más información de la que podemos procesar

Nuestro cerebro tiene límites. Podemos analizar datos, comparar opciones y mantener varias ideas en mente, pero no podemos hacerlo de forma ilimitada.

Cuando recibimos una gran cantidad de información sobre un mismo asunto, llega un momento en el que seguir leyendo empieza a aportar muy poco. Aparecen opiniones contradictorias, matices secundarios y nuevas variables que dificultan todavía más llegar a una conclusión.

El problema es que podemos interpretar esa confusión como una señal de que necesitamos continuar investigando, cuando precisamente puede estar indicándonos lo contrario.

4. Nos hemos acostumbrado a la inmediatez

Otro ingrediente importante es la velocidad. Una noticia ocurre y, pocos minutos después, ya tenemos vídeos, análisis, opiniones, memes y reacciones de miles de personas.

Esto puede transmitirnos la sensación de que tenemos que saber qué está pasando constantemente. Sin embargo, una gran parte de esa información no necesita ser conocida de manera inmediata y probablemente sería más comprensible unas horas después, cuando existen más datos y menos especulación.

Estar informado no significa necesariamente estar actualizado cada cinco minutos.

5. Tenemos miedo a perdernos algo

Aquí entra en juego el conocido FOMO, siglas de fear of missing out, que podríamos traducir como miedo a perdernos algo.

Nos preocupa que ocurra algo importante mientras estamos desconectados, que nuestros amigos conozcan una noticia antes que nosotros o que haya una conversación de la que quedemos fuera. Para evitarlo, comprobamos continuamente el teléfono.

El problema es que rara vez existe una novedad realmente importante cada diez minutos. Aun así, el hábito de comprobar puede consolidarse hasta el punto de que pasar un rato sin hacerlo nos genere cierta inquietud.

6. Las notificaciones interrumpen constantemente nuestra atención

No es necesario que abramos una notificación para que nos distraiga. Basta con escuchar un sonido o ver aparecer una alerta para que parte de nuestra atención se desplace hacia ella.

“¿Quién habrá escrito?”

“Luego tengo que responder.”

“¿Habrá pasado algo?”

Después intentamos volver a aquello que estábamos haciendo, pero unos minutos más tarde aparece otra interrupción.

Al final del día podemos tener la sensación de haber estado permanentemente ocupados y, al mismo tiempo, de no haber conseguido concentrarnos realmente en nada.

7. Los algoritmos nos ofrecen precisamente aquello que consigue captar nuestra atención

Las redes sociales y muchas plataformas digitales intentan predecir qué contenido hará que sigamos utilizándolas. Si interactuamos frecuentemente con determinados temas, es probable que recibamos cada vez más contenidos relacionados con ellos.

Esto puede ser especialmente problemático cuando el tema nos preocupa. Si buscamos repetidamente información sobre una crisis económica, una enfermedad o un conflicto, podemos terminar encontrándonos ese mismo asunto continuamente.

La consecuencia es que algo que inicialmente ocupaba una pequeña parte de nuestra atención empieza a parecer omnipresente.

8. Consumimos varias veces prácticamente la misma información

Otro fenómeno frecuente es la repetición. Podemos leer una noticia en un periódico, encontrar después un vídeo comentándola, ver varias publicaciones sobre ella y terminar consultando las reacciones de otras personas.

Tenemos la sensación de estar recibiendo mucha información nueva, cuando en realidad gran parte son versiones diferentes del mismo contenido.

El cerebro, sin embargo, sigue dedicando recursos a cada una de ellas.

9. Confundimos lo interesante con lo importante

No todo lo que despierta nuestra curiosidad merece varias horas de nuestra atención.

Una polémica en redes sociales puede resultar fascinante y, al mismo tiempo, tener una importancia prácticamente nula en nuestra vida. Lo mismo ocurre con determinados titulares, discusiones entre desconocidos o acontecimientos sobre los que no podemos actuar.

Por eso, una pregunta útil no es únicamente “¿esto me interesa?”, sino también “¿necesito realmente esta información?”.

Esta distinción parece sencilla, pero puede cambiar bastante nuestra forma de consumir contenidos.

10. Las noticias negativas captan especialmente nuestra atención

Los seres humanos prestamos mucha atención a aquello que puede representar una amenaza. Tiene cierto sentido desde un punto de vista adaptativo: detectar un peligro puede ser más importante que prestar atención a algo neutro.

El problema aparece cuando podemos acceder durante horas a noticias sobre guerras, enfermedades, accidentes, delitos o crisis de diferentes partes del planeta.

Nuestra experiencia directa del día puede haber sido completamente tranquila, pero después de dos horas leyendo noticias podemos sentir que vivimos rodeados de amenazas.

Si además tendemos a imaginar fácilmente escenarios futuros negativos, esta exposición puede alimentar la ansiedad anticipatoria.

11. Buscamos información para tomar decisiones perfectas

La infoxicación también aparece en situaciones aparentemente mucho más inocentes, como comprar un móvil, reservar un hotel o elegir un restaurante.

Empezamos comparando tres opciones, pero enseguida encontramos otras cinco. Después leemos reseñas, buscamos vídeos y descubrimos inconvenientes que no habíamos considerado. Cuanta más información tenemos, más difícil parece elegir.

La información es útil hasta cierto punto. Después puede convertirse en una forma de intentar eliminar cualquier posibilidad de equivocarnos.

Esto ocurre también en decisiones más importantes: buscamos una certeza que probablemente nunca llegará. Si te reconoces en este patrón, puede ser útil revisar cómo la ansiedad puede dificultar la toma de decisiones.

12. No sabemos cuándo parar

Probablemente esta sea la pieza que une casi todas las anteriores.

Internet siempre puede ofrecernos una fuente más, una opinión diferente o un vídeo adicional. Si esperamos sentir que hemos agotado toda la información disponible, nunca terminaremos.

Por eso necesitamos construir nosotros mismos un criterio de parada. No porque ya conozcamos absolutamente todo, sino porque hemos reunido información suficiente para el objetivo que teníamos.

¿Cómo puede afectarte la infoxicación?

Una de las consecuencias más evidentes es la dificultad para mantener la concentración. Si acostumbramos a nuestra atención a saltar continuamente entre mensajes, vídeos, noticias y tareas, permanecer durante un período prolongado con una sola actividad puede empezar a resultarnos incómodo.

También podemos experimentar fatiga mental. Seleccionar qué leer, decidir qué ignorar, comparar información contradictoria y mantener en mente varios asuntos consume recursos cognitivos. Por eso podemos acabar cansados después de una tarde frente al móvil aunque físicamente apenas nos hayamos movido.

En otras personas predomina la ansiedad. Cada nueva noticia parece abrir una posibilidad adicional sobre la que preocuparse y, si utilizamos la información precisamente para intentar sentirnos seguros, podemos entrar en un círculo difícil de romper: buscamos para tranquilizarnos, encontramos algo preocupante y volvemos a buscar para resolver la nueva preocupación.

La sobrecarga también puede dificultar la toma de decisiones. Cuantas más alternativas conocemos, más fácil resulta pensar que quizá existe una opción todavía mejor que no hemos considerado.

Y finalmente puede aparecer una cierta sensación de falta de control. Tenemos acceso a problemas de todo el planeta y sabemos mucho más sobre ellos que generaciones anteriores, pero nuestra capacidad de intervenir sigue siendo limitada. Esa diferencia entre todo lo que conocemos y todo lo que realmente podemos controlar puede resultar agotadora.

¿Qué puedo hacer para reducir la infoxicación?

No creo que la solución pase por abandonar Internet o vivir completamente desconectados. La información es enormemente útil; simplemente necesitamos recuperar algo de control sobre cómo la consumimos.

Puedes empezar desactivando aquellas notificaciones que no requieren una respuesta inmediata. También suele ser útil establecer momentos concretos para consultar las noticias o las redes sociales, en lugar de recurrir a ellas automáticamente cada vez que tenemos treinta segundos libres.

Cuando busques información sobre algo, intenta definir previamente qué pregunta quieres responder. No es lo mismo entrar en Google pensando “quiero saber si este ordenador me sirve para trabajar” que empezar a investigar indefinidamente “cuál es el mejor ordenador posible”.

También merece la pena seleccionar unas pocas fuentes que consideres suficientemente fiables. Leer treinta opiniones diferentes no siempre mejora nuestra comprensión y, en ocasiones, simplemente introduce más ruido.

Por último, observa qué ocurre emocionalmente mientras buscas. Si después de media hora estás leyendo prácticamente las mismas ideas, cada nueva página abre otras cinco dudas y notas que tu nivel de ansiedad está aumentando, quizá la mejor decisión sea precisamente dejar de buscar.

Esto puede costar especialmente a las personas que sienten que siempre deberían estar haciendo o comprobando algo. Si es tu caso, quizá te interese entender por qué algunas personas sienten ansiedad durante su tiempo libre.

Informarte más no siempre significa estar mejor informado

Tener acceso a tanta información es uno de los grandes avances de nuestra época, pero también requiere aprender una habilidad que antes era mucho menos necesaria: seleccionar.

No podemos leerlo todo, comprenderlo todo ni estar pendientes de todo lo que ocurre. Tampoco lo necesitamos.

A veces estar bien informado consiste precisamente en haber elegido unas buenas fuentes, entender las ideas principales y aceptar que siempre quedarán cosas por conocer.

Si después de informarte sobre un tema terminas sistemáticamente más confundido, preocupado o incapaz de desconectar, quizá el problema no sea que te falte información. Puede ser que ya tengas suficiente y te cueste darte permiso para parar.

Y aprender a cerrar una pestaña, dejar el móvil en otra habitación o aceptar que una duda no necesita resolverse inmediatamente puede ser, paradójicamente, una de las mejores maneras de recuperar claridad.

Fuentes

  • Eppler, M. J. & Mengis, J. (2004). The Concept of Information Overload: A Review of Literature from Organization Science, Accounting, Marketing, MIS, and Related Disciplines. The Information Society, 20(5), 325-344.
  • Bawden, D. & Robinson, L. (2009). The dark side of information: overload, anxiety and other paradoxes and pathologies. Journal of Information Science, 35(2), 180-191.
  • Przybylski, A. K., Murayama, K., DeHaan, C. R. & Gladwell, V. (2013). Motivational, emotional, and behavioral correlates of fear of missing out. Computers in Human Behavior, 29(4), 1841-1848.
  • Stothart, C., Mitchum, A. & Yehnert, C. (2015). The attentional cost of receiving a cell phone notification. Journal of Experimental Psychology: Human Perception and Performance, 41(4), 893-897.

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