Preocuparse por el cambio climático no es extraño. Incendios, sequías, temperaturas extremas, pérdida de biodiversidad y noticias sobre escenarios futuros pueden generar miedo, tristeza o sensación de impotencia. El problema aparece cuando esa preocupación ocupa demasiado espacio mental y empieza a afectar al bienestar cotidiano.
En los últimos años se ha popularizado el término ecoansiedad para describir precisamente este tipo de malestar. No se trata de un diagnóstico clínico independiente, sino de una forma de referirse a las emociones difíciles relacionadas con el deterioro ambiental y con la incertidumbre sobre el futuro.
Sentir cierta preocupación puede ser perfectamente comprensible. Incluso puede impulsarnos a cambiar hábitos o implicarnos en aquello que consideramos importante. Pero cuando el miedo se vuelve persistente, aparece culpa constante o sentimos que cualquier esfuerzo es inútil, conviene aprender a relacionarnos de otra manera con esa preocupación.
Qué es la ecoansiedad
La ecoansiedad, también denominada ansiedad climática o ecoangustia, describe el miedo, preocupación o malestar relacionado con el cambio climático y la degradación ambiental.
La American Psychological Association ha utilizado el concepto para describir el temor crónico ante una posible catástrofe ambiental. Sin embargo, esto no significa que todas las personas preocupadas por el clima padezcan un trastorno de ansiedad.
De hecho, una cierta inquietud puede ser una respuesta razonable ante un problema real.
La diferencia está principalmente en cuánto sufrimiento produce y en qué medida condiciona nuestra vida. Pensar ocasionalmente en el futuro del planeta no es lo mismo que pasar horas buscando noticias climáticas, experimentar una culpa intensa cada vez que consumimos algo o sentir que carece de sentido hacer planes para los próximos años.
La Organización Mundial de la Salud reconoce que el cambio climático puede afectar al bienestar psicológico tanto directa como indirectamente, por ejemplo, a través de fenómenos meteorológicos extremos, desplazamientos, inseguridad económica o preocupación ante el futuro.
Cuáles son los síntomas de la ecoansiedad
No existe una lista oficial de síntomas porque, como hemos visto, la ecoansiedad no constituye por sí misma un diagnóstico clínico.
Sin embargo, puede expresarse mediante reacciones emocionales y conductuales como:
- Preocupación frecuente por el futuro del planeta.
- Miedo ante noticias relacionadas con el clima.
- Sensación de impotencia o falta de control.
- Tristeza por la pérdida de ecosistemas o especies.
- Rabia ante la actuación de gobiernos, empresas o instituciones.
- Culpa por el propio consumo o impacto ambiental.
- Dificultades para desconectar de noticias sobre la crisis climática.
- Problemas de concentración o sueño.
- Pesimismo intenso sobre el futuro.
- Conflictos con personas que tienen una actitud diferente ante cuestiones ambientales.
En algunos casos también puede aparecer rumiación mental: pensar una y otra vez sobre escenarios futuros sin llegar a ninguna conclusión que permita actuar.
La clave no está tanto en experimentar una de estas emociones como en su intensidad, frecuencia y repercusión en nuestra vida.
Por qué afecta especialmente a algunos jóvenes
La preocupación climática no pertenece exclusivamente a una generación, pero diferentes investigaciones han detectado niveles importantes de malestar entre adolescentes y adultos jóvenes.
Tiene cierta lógica. Una persona de 18 o 25 años puede preguntarse cómo será su vida dentro de cincuenta años, mientras toma decisiones sobre dónde vivir, qué estudiar, tener hijos o construir un patrimonio.
Un estudio internacional publicado en The Lancet Planetary Health encuestó a 10.000 personas de entre 16 y 25 años en diez países. Una proporción importante expresó preocupación intensa por el cambio climático y sentimientos como tristeza, ansiedad, impotencia o culpa.
También se encontró relación entre el malestar y la percepción de que los gobiernos no estaban respondiendo adecuadamente al problema.
Esto es importante porque la ecoansiedad no consiste únicamente en miedo a una subida de temperaturas. Puede contener también frustración moral, pérdida de confianza y sensación de falta de control.
Dos formas poco útiles de responder a la ecoansiedad
Aunque no existen clínicamente distintos "tipos de ecoansiedad", sí podemos observar algunas maneras habituales de gestionarla que terminan aumentando el malestar.
Sentirse culpable por prácticamente todo
Una persona puede empezar a analizar cada decisión cotidiana en términos ambientales: coger un avión, comprar ropa, conducir, comer determinados alimentos o utilizar calefacción.
Intentar actuar de acuerdo con nuestros valores es positivo. El problema aparece cuando la responsabilidad individual se transforma en una vigilancia permanente.
Ninguna persona puede reducir su impacto ambiental a cero.
Además, los problemas climáticos dependen también de infraestructuras, políticas públicas, tecnologías, empresas y decisiones colectivas. Asumir personalmente toda la responsabilidad de un problema global genera culpa, pero no necesariamente soluciones.
Intentar hacerlo absolutamente todo perfecto
Otra reacción consiste en intentar adoptar una conducta ambiental impecable.
La persona puede investigar obsesivamente cada compra, evitar actividades importantes para su bienestar o experimentar una gran ansiedad cuando no encuentra una alternativa completamente sostenible.
Este perfeccionismo puede terminar siendo contraproducente. Una conducta razonablemente responsable que podamos mantener durante años suele resultar mucho más útil que intentar alcanzar una pureza ambiental imposible.
Qué hacer para reducir la ecoansiedad
El objetivo no debería ser convencerte de que el cambio climático no importa. Se trata de aprender a convivir con una preocupación legítima sin permitir que absorba toda tu vida.
1. Diferencia entre preocupación y acción
Pregúntate: "¿Estoy haciendo algo útil con esta preocupación o simplemente estoy repitiendo mentalmente el mismo problema?".
Informarte una vez puede ayudarte a decidir. Leer durante dos horas más noticias prácticamente idénticas probablemente no.
Cuando detectes que has pasado de la información a la rumiación, es buena idea cambiar de actividad.
2. Limita la exposición continua a noticias
No es necesario ignorar la actualidad.
Sí puede resultar útil elegir determinados momentos para informarte en lugar de exponerte constantemente a titulares, vídeos, redes sociales y notificaciones.
Los algoritmos tampoco seleccionan información pensando en tu bienestar psicológico. Los contenidos más alarmantes suelen captar especialmente nuestra atención.
Puedes estar bien informado sin estar conectado permanentemente a una crisis.
3. Convierte parte de la preocupación en acciones concretas
La sensación de impotencia suele disminuir cuando identificamos ámbitos en los que sí podemos intervenir.
Puedes modificar algunos hábitos, participar en iniciativas locales, apoyar organizaciones, votar según tus prioridades o involucrarte en proyectos relacionados con el medio ambiente.
No necesitas solucionar tú el cambio climático.
El objetivo es encontrar acciones proporcionadas a tu capacidad real de influencia.
4. Mantén también una vida fuera del problema
Preocuparte por el planeta no implica que debas sentirte culpable por disfrutar.
Seguir viendo amigos, viajar, desarrollar proyectos, hacer deporte, enamorarte o construir una familia no significa que estés ignorando los problemas ambientales.
Nuestra mente necesita espacios que no estén dedicados permanentemente a amenazas.
De hecho, mantener vínculos, rutinas y actividades gratificantes suele proporcionarnos más recursos psicológicos para enfrentarnos después a asuntos difíciles.
5. Trabaja la sensación de incertidumbre
Una parte importante de la ecoansiedad tiene que ver con intentar predecir exactamente cómo será el futuro.
Y eso no podemos hacerlo.
Existen riesgos climáticos reales, pero también desconocemos qué avances tecnológicos, políticas públicas, procesos de adaptación o cambios sociales se producirán durante las próximas décadas.
Reconocer la incertidumbre no consiste en caer en un optimismo ingenuo. Significa evitar que nuestra mente convierta un escenario posible en un futuro inevitable.
Cuándo conviene pedir ayuda psicológica
No necesitas acudir al psicólogo simplemente por preocuparte por el cambio climático.
Puede ser recomendable hacerlo cuando esa preocupación empieza a provocar un sufrimiento significativo o condiciona decisiones importantes de tu vida.
Por ejemplo, si:
- Pasas gran parte del día pensando en catástrofes ambientales.
- Tienes problemas frecuentes para dormir.
- Experimentas ataques de ansiedad.
- Has dejado de hacer actividades por miedo o culpa.
- La preocupación afecta a tus estudios, trabajo o relaciones.
- Sientes desesperanza casi constantemente.
- Aparecen síntomas depresivos.
- Te resulta prácticamente imposible desconectar del tema.
La terapia puede ayudarte a trabajar la ansiedad, la incertidumbre, la culpa y determinadas formas de pensamiento sin necesidad de negar la realidad del problema.
También pueden utilizarse técnicas de regulación emocional, respiración, relajación y estrategias cognitivo-conductuales para disminuir la activación cuando la preocupación se dispara.
Si acceder presencialmente a consulta resulta complicado, la terapia online puede ser otra opción.
Preocuparse por el clima sin vivir angustiado
Probablemente nunca podamos eliminar completamente la incertidumbre sobre el futuro del planeta. Tampoco necesitamos hacerlo.
La finalidad es encontrar un punto en el que podamos estar informados, actuar de acuerdo con nuestros valores y continuar viviendo nuestra vida.
Hay una diferencia importante entre preocuparse porque algo nos importa y vivir permanentemente atrapados por esa preocupación.
La ecoansiedad puede ser una señal de sensibilidad hacia un problema real. Pero cuando la culpa, el miedo o la desesperanza empiezan a dominar nuestra vida, cuidar nuestra salud mental también forma parte de la respuesta.
Sobre este tema también participé en un artículo de Vogue Business sobre ecoansiedad y los límites de nuestra responsabilidad individual.
Fuentes
- American Psychological Association. How to cope with climate anxiety.
- Hickman, C., Marks, E., Pihkala, P. et al. (2021). Climate anxiety in children and young people and their beliefs about government responses to climate change: a global survey. The Lancet Planetary Health, 5(12), e863-e873.
- World Health Organization (2022). Mental health and climate change: policy brief.
