Las amistades cumplen un papel importante en nuestro bienestar emocional. Tener personas con las que compartir experiencias, hablar de nuestras preocupaciones o simplemente pasar un buen rato puede ayudarnos a sentirnos acompañados, reforzar nuestra autoestima y afrontar con mayor seguridad determinados momentos de la vida.
Sin embargo, hacer amigos no siempre resulta sencillo, especialmente durante la edad adulta. En la infancia, el colegio, las actividades extraescolares o el instituto nos ponen continuamente en contacto con otras personas. Cuando somos adultos, estas oportunidades suelen reducirse y muchas relaciones sociales dependen más de nuestra iniciativa.
Además, circunstancias como una mudanza, un cambio de trabajo, una ruptura sentimental o simplemente el distanciamiento progresivo de antiguas amistades pueden hacer que nuestro círculo social disminuya. En esos casos, puede ser útil plantearnos de manera más general cómo mejorar nuestra vida social, en lugar de centrarnos únicamente en encontrar nuevos amigos.
Por eso, si queremos conocer gente nueva, suele ser necesario adoptar una actitud algo más activa. No se trata de forzar relaciones, sino de crear situaciones en las que sea más probable encontrar personas con las que podamos conectar.
A continuación veremos algunas estrategias que pueden ayudar.
Consejos para hacer amigos siendo adulto
No existe una fórmula que garantice una amistad. Las relaciones necesitan tiempo, reciprocidad y cierta compatibilidad entre las personas. Sin embargo, sí podemos aumentar considerablemente las oportunidades de conocer gente si modificamos algunos hábitos.
1. Apúntate a actividades que realmente te interesen
Uno de los métodos más efectivos para conocer personas nuevas consiste en participar regularmente en actividades que nos gusten.
Puede ser un grupo de senderismo, clases de idiomas, un deporte, un taller de fotografía, un club de lectura, voluntariado o cualquier otra actividad que implique compartir espacio con otras personas.
La ventaja de estos contextos es que ya existe un punto en común desde el principio.
Si dos personas están aprendiendo fotografía, jugando al pádel o asistiendo a un curso de cocina, resulta mucho más sencillo iniciar una conversación porque existe un tema compartido. Si este primer contacto es precisamente lo que más nos cuesta, también podemos trabajar algunas formas prácticas de mejorar nuestras habilidades sociales.
Además, la repetición ayuda. Ver varias veces a las mismas personas facilita que aparezca confianza y familiaridad, dos elementos importantes para que una relación pueda desarrollarse.
Por eso, suele ser más útil una actividad semanal que acudir una sola vez a un evento multitudinario.
2. Acepta algunos planes que normalmente rechazarías
Cuando nuestro círculo social se reduce, es fácil caer en una dinámica poco favorable: salimos menos porque conocemos a menos gente y, al salir menos, tenemos todavía menos oportunidades de conocer personas nuevas.
Romper este círculo implica aceptar de vez en cuando propuestas que inicialmente quizá no nos entusiasmen demasiado.
Por ejemplo, un compañero de trabajo puede invitarnos a una cena, un antiguo amigo puede proponernos acudir a un evento o un familiar puede incluirnos en un plan con personas que todavía no conocemos.
Eso no significa que debamos aceptar cualquier propuesta. Hay personas a las que simplemente les agobia quedar con gente, ya sea por cansancio, saturación o por el esfuerzo que les supone socializar. Conviene distinguir esto de evitar sistemáticamente cualquier situación nueva por miedo o inseguridad.
Ser algo más flexible con determinados planes aumenta considerablemente nuestra exposición a nuevas relaciones.
Si hacemos siempre las mismas actividades con las mismas personas, las posibilidades de ampliar nuestro círculo social serán necesariamente limitadas.
3. No anticipes constantemente que algo va a salir mal
Conocer personas nuevas puede generar cierta incomodidad.
Antes de acudir a una reunión o hablar con alguien desconocido pueden aparecer pensamientos como:
- “Seguramente no encajaré”.
- “No sabré qué decir”.
- “Van a pensar que soy raro”.
- “Probablemente todos se conocen menos yo”.
El problema no es que estos pensamientos aparezcan. Es relativamente normal sentir cierta inseguridad ante situaciones sociales nuevas.
La dificultad surge cuando interpretamos esos pensamientos como si fueran predicciones fiables de lo que ocurrirá.
Muchas veces nuestra imaginación construye escenarios mucho más negativos que la realidad. Incluso podemos empezar a sentir que estamos fuera de lugar o que no encajamos antes de haber dado realmente una oportunidad a la situación.
En lugar de intentar eliminar completamente esos pensamientos, puede ser más útil reconocerlos y actuar igualmente. Con el tiempo, acumular experiencias sociales positivas o simplemente normales ayuda a reducir ese miedo anticipatorio.
4. Interésate genuinamente por los demás
Una amistad no suele aparecer únicamente porque dos personas compartan espacio.
Para que una relación avance es necesario que exista cierto interés mutuo.
Preguntar por los intereses de la otra persona, recordar algo que nos explicó anteriormente o interesarnos por cómo le ha ido una situación importante son pequeños gestos que ayudan a construir confianza.
También es importante escuchar.
A veces, cuando queremos caer bien, nos preocupamos demasiado por resultar interesantes. Sin embargo, las conversaciones suelen funcionar mejor cuando existe un equilibrio entre hablar y escuchar.
Mostrar curiosidad genuina por la otra persona suele generar más conexión que intentar impresionar constantemente.
Con el tiempo, además, las amistades se consolidan compartiendo experiencias, apoyándose mutuamente y estando presentes tanto en momentos positivos como en situaciones difíciles.
5. Sé tú mismo, aunque no conectes con todo el mundo
Cuando queremos integrarnos en un grupo podemos sentir la tentación de modificar nuestra forma de hablar, nuestras opiniones o incluso nuestros intereses para agradar.
Hasta cierto punto, todos adaptamos nuestro comportamiento dependiendo del contexto. No hablamos exactamente igual con un amigo que en una entrevista de trabajo.
Pero existe una diferencia entre adaptarse socialmente y construir un personaje para conseguir aceptación.
Mantener durante mucho tiempo una personalidad que no sentimos como propia suele resultar agotador y dificulta que las relaciones sean auténticas.
Además, es importante aceptar algo: no vamos a gustar a todo el mundo.
Del mismo modo que nosotros sentimos más afinidad con determinadas personas, los demás también tienen sus preferencias.
El objetivo no debería ser conseguir que cualquier persona quiera ser nuestra amiga, sino encontrar personas con las que exista compatibilidad y podamos sentirnos cómodos siendo nosotros mismos.
- No juzgues demasiado rápido
También podemos dificultar nuestras relaciones cuando descartamos a alguien después de una primera impresión.
Quizá una persona nos parezca demasiado seria, tímida, distante o diferente a nosotros durante el primer encuentro.
Sin embargo, las primeras interacciones no siempre reflejan cómo es realmente alguien.
Las personas pueden mostrarse más reservadas cuando están nerviosas, cuando no conocen al grupo o cuando todavía no existe confianza.
Por eso, salvo que exista algún comportamiento que realmente nos incomode o vaya contra nuestros valores, puede ser útil dar una segunda oportunidad antes de decidir que no existe ninguna afinidad.
Algunas amistades aparecen inmediatamente, pero otras necesitan varias conversaciones antes de que exista conexión.
Hacer amigos requiere iniciativa y paciencia
Crear nuevas amistades durante la edad adulta puede resultar más difícil que durante la infancia, pero no significa que sea imposible.
Normalmente necesitamos combinar tres elementos: exposición a personas nuevas, iniciativa para mantener el contacto y tiempo para que aparezca confianza.
También conviene evitar convertir la búsqueda de amistades en una obligación. No todas las conversaciones tienen que terminar en una relación profunda ni todas las personas que conocemos tienen que convertirse en amigos. Si el problema va más allá y existe una sensación persistente de aislamiento, pueden resultar útiles algunas estrategias específicas para combatir la soledad.
Lo importante es aumentar las oportunidades de conectar con otras personas sin exigir que cada interacción tenga un resultado concreto.
A veces una conversación quedará simplemente en eso. Otras veces puede surgir una relación que se mantenga durante años. Y esa incertidumbre forma parte natural de cualquier vínculo humano.
