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Resaca emocional: qué es, síntomas y cómo superarla

La resaca emocional es esa sensación de agotamiento que aparece después de vivir algo con mucha intensidad. Puede ocurrir tras una discusion, una celebracion, una cita importante, un evento familiar, una...

Resaca emocional: qué es, síntomas y cómo superarla

Hay momentos que nos dejan agotados incluso cuando, aparentemente, ya han terminado. Una discusión importante, una ruptura, una boda, una entrevista decisiva, una mudanza, una reunión familiar especialmente intensa o incluso una celebración que llevábamos meses esperando pueden generar una gran activación emocional.

Cuando todo acaba, puede aparecer una sensación extraña: cansancio, irritabilidad, dificultad para concentrarnos, necesidad de estar solos o pocas ganas de hacer nada. Es lo que popularmente se conoce como resaca emocional.

No se trata de un trastorno psicológico ni de una enfermedad, sino de una forma de describir el estado que puede aparecer después de haber atravesado una experiencia emocional especialmente intensa. Entender por qué ocurre y aprender a gestionarla puede ayudarnos a recuperar antes nuestro equilibrio habitual.

¿Qué es la resaca emocional?

La resaca emocional es una expresión utilizada para describir el cansancio psicológico y físico que algunas personas experimentan después de un periodo de elevada intensidad emocional.

El concepto recuerda deliberadamente a la resaca producida por el alcohol. En este caso, sin embargo, no existe una sustancia externa que provoque sus efectos. Lo que ha ocurrido es que nuestro organismo ha permanecido durante un tiempo en un estado de elevada activación.

Cuando vivimos algo que consideramos importante, nuestro cerebro presta especial atención a lo que sucede. Podemos sentir miedo, alegría, tristeza, rabia, ilusión, incertidumbre o varias emociones al mismo tiempo.

Una investigación realizada por científicos de la Universidad de Nueva York mostró precisamente que los estados cerebrales asociados a una experiencia emocional pueden mantenerse durante un tiempo después de que esta haya terminado e influir incluso en la manera en la que procesamos y recordamos acontecimientos posteriores.

Por tanto, una emoción no desaparece necesariamente en el momento en el que termina aquello que la provocó.

Nuestro cuerpo y nuestra mente pueden necesitar un tiempo para volver a su nivel habitual de activación.

Además, la resaca emocional no aparece únicamente después de experiencias negativas. Una boda, un viaje especialmente esperado, conseguir un trabajo, presentar un proyecto importante o recibir una noticia positiva también pueden dejarnos exhaustos.

La clave no está tanto en si la emoción es positiva o negativa como en su intensidad y en el esfuerzo psicológico que ha supuesto procesarla.

Síntomas de la resaca emocional

No todas las personas experimentan una resaca emocional de la misma manera. Tampoco existe una lista clínica de síntomas, ya que no estamos hablando de un diagnóstico psicológico.

Aun así, pueden aparecer algunas sensaciones relativamente frecuentes.

Entre ellas encontramos:

  • cansancio físico o mental;
  • sensación de falta de energía;
  • irritabilidad;
  • mayor sensibilidad emocional;
  • dificultad para concentrarse;
  • necesidad de pasar tiempo a solas;
  • menor motivación;
  • problemas para tomar decisiones;
  • pensamientos repetitivos sobre lo sucedido;
  • tensión muscular;
  • alteraciones temporales del sueño;
  • sensación de saturación mental.

También es posible sentir una especie de vacío después de una experiencia muy esperada.

Pensemos, por ejemplo, en alguien que lleva meses preparando una oposición, una boda, una competición deportiva o un proyecto profesional. Durante semanas existe un objetivo claro alrededor del cual se organiza buena parte de su atención.

Cuando finalmente termina, puede aparecer una combinación aparentemente contradictoria de alivio y agotamiento.

Esto no significa necesariamente que exista algún problema psicológico. En muchas ocasiones simplemente necesitamos tiempo para adaptarnos a la desaparición de ese elevado nivel de activación.

¿Cuánto dura una resaca emocional?

No existe una duración exacta.

En algunas personas puede durar unas horas y, en otras, extenderse durante uno o varios días. La intensidad de la experiencia, el descanso disponible, nuestra situación personal y la manera en la que afrontamos lo ocurrido pueden influir considerablemente.

Conviene además diferenciar una resaca emocional puntual de un estado de malestar mantenido.

Si pasan semanas y continuamos sintiéndonos profundamente apáticos, ansiosos, irritables o incapaces de desenvolvernos con normalidad, quizá ya no sea adecuado explicarlo simplemente como una resaca emocional.

En esos casos puede existir otro problema que merezca ser analizado con mayor detenimiento.

Cómo superar una resaca emocional

No siempre podemos evitar que una experiencia nos afecte intensamente. De hecho, tratar de controlar absolutamente nuestras emociones suele ser un objetivo poco realista.

Lo que sí podemos hacer es aprender a relacionarnos mejor con ellas y facilitar que nuestro organismo recupere gradualmente su equilibrio.

1. Reconoce lo que te ha ocurrido

Uno de los primeros pasos consiste simplemente en identificar que hemos pasado por algo emocionalmente intenso.

A veces intentamos continuar nuestra rutina exactamente igual que antes, sin reconocer el desgaste que ha supuesto determinada experiencia.

Preguntarnos qué hemos sentido, qué nos ha preocupado y qué parte de la situación nos ha afectado especialmente puede ayudarnos a ordenar la experiencia.

No es necesario analizar obsesivamente cada pensamiento. Se trata simplemente de comprender mejor qué nos está pasando.

2. No intentes eliminar inmediatamente el malestar

Sentirse mal durante unas horas después de una experiencia difícil no significa necesariamente que haya que hacer algo para eliminar esa sensación cuanto antes.

Las emociones desagradables también cumplen una función.

Intentar bloquearlas permanentemente mediante distracciones, trabajo, comida, alcohol u otras estrategias puede proporcionar alivio momentáneo, pero no siempre nos ayuda a procesar lo ocurrido.

Aceptar una emoción no significa resignarse a ella, sino reconocer que está presente sin convertirla automáticamente en un problema que debemos solucionar.

3. Reduce temporalmente las exigencias

Si has pasado por una experiencia especialmente intensa, quizá no sea el mejor momento para llenar las horas siguientes de decisiones importantes y nuevas obligaciones.

Siempre que tus circunstancias lo permitan, puedes reducir ligeramente el ritmo.

Dormir, descansar, dar un paseo, cocinar, escuchar música o simplemente pasar unas horas haciendo actividades poco exigentes puede facilitar la recuperación.

No se trata de abandonar nuestras responsabilidades, sino de entender que nuestros recursos mentales no son ilimitados.

4. Escribe lo que estás sintiendo

Llevar un pequeño diario emocional puede resultar útil para algunas personas.

No necesitas escribir varias páginas cada día. Basta con responder brevemente a preguntas como:

  • ¿Qué ha ocurrido?
  • ¿Qué emoción estoy sintiendo?
  • ¿Qué pensamiento aparece repetidamente?
  • ¿Qué necesito ahora mismo?
  • ¿Qué parte de la situación puedo controlar?

Poner por escrito una experiencia puede ayudarnos a estructurar algo que internamente percibimos como confuso.

También permite observar patrones. Quizá descubramos, por ejemplo, que determinados conflictos o situaciones sociales nos dejan sistemáticamente exhaustos.

5. Cuida las necesidades básicas

Cuando estamos emocionalmente saturados podemos descuidar precisamente aquello que facilita nuestra recuperación.

Dormir suficientemente, mantener horarios razonablemente estables, alimentarnos adecuadamente, movernos y evitar abusar de sustancias estimulantes o depresoras puede parecer demasiado básico, pero tiene importancia.

El estado psicológico y el físico no funcionan de manera independiente.

Si acumulamos varias noches durmiendo mal mientras seguimos expuestos a situaciones estresantes, probablemente nos resulte más difícil regular nuestras emociones.

6. Habla con alguien de confianza

No siempre necesitamos resolver aquello que sentimos. En ocasiones necesitamos simplemente poder expresarlo.

Hablar con alguien de confianza puede ayudarnos a poner en perspectiva lo sucedido y sentirnos acompañados.

Eso sí, conviene distinguir entre compartir una experiencia y repetirla continuamente sin avanzar. Dar vueltas una y otra vez a un mismo acontecimiento puede mantener nuestra atención atrapada en él.

Una conversación útil no tiene necesariamente que terminar con una solución. A veces basta con sentir que hemos podido explicar lo que nos ocurre.

7. Evita tomar decisiones impulsivas

Durante momentos de elevada activación emocional podemos interpretar las situaciones de manera diferente a como lo haríamos en un estado más tranquilo.

Por eso, cuando sea posible, puede ser recomendable aplazar decisiones especialmente importantes.

Romper una relación, abandonar un trabajo, enviar un mensaje agresivo o tomar una decisión económica relevante inmediatamente después de una fuerte discusión son ejemplos evidentes.

No significa ignorar nuestros pensamientos. Significa darnos tiempo para comprobar si seguimos pensando lo mismo cuando nuestra activación emocional haya disminuido.

¿Cuándo acudir a un psicólogo?

Una resaca emocional puntual forma parte de las reacciones que podemos experimentar ante determinados acontecimientos y, por sí sola, no implica que exista un problema de salud mental.

Sin embargo, conviene prestar atención cuando el malestar se prolonga mucho más de lo esperado o interfiere significativamente con nuestra vida.

Podría ser aconsejable consultar con un psicólogo cuando aparecen síntomas persistentes de ansiedad o tristeza, aislamiento social, problemas importantes para dormir, incapacidad para trabajar o estudiar con normalidad, ataques de pánico o una sensación constante de estar emocionalmente desbordados.

También puede ser útil acudir a terapia aunque no exista ningún trastorno psicológico concreto. La psicoterapia puede ayudarnos a comprender nuestros patrones emocionales, desarrollar estrategias de regulación y afrontar mejor situaciones especialmente difíciles.

Aprender a dejar espacio después de las emociones intensas

Vivimos en una sociedad que muchas veces nos empuja a pasar inmediatamente de una experiencia a la siguiente.

Terminamos un proyecto y empezamos otro. Volvemos de un viaje y al día siguiente regresamos a nuestras obligaciones. Tenemos una discusión importante y, minutos después, continuamos respondiendo correos como si nada hubiera ocurrido.

Pero nuestro cerebro no funciona como un interruptor.

Las experiencias emocionalmente intensas pueden continuar influyendo en nosotros después de haber terminado. Darles un pequeño espacio, descansar y entender qué hemos sentido puede formar parte de una buena regulación emocional.

La resaca emocional no tiene por qué ser algo que debamos combatir. En muchas ocasiones simplemente es la señal de que hemos vivido algo importante y necesitamos algo de tiempo para recuperar nuestro equilibrio.

Fuentes

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