Volver al blog ·

No me apetece tener sexo con mi pareja: por qué pasa y 4 consejos

Perder temporalmente el deseo sexual no significa que la relación vaya mal. Analizamos sus posibles causas y qué puedes hacer para recuperar la intimidad.

No me apetece tener sexo con mi pareja: por qué pasa y 4 consejos

Que no te apetezca tener sexo con tu pareja durante una temporada no significa necesariamente que hayas dejado de quererla, que exista una crisis sentimental o que haya algo mal en ti.

El deseo sexual cambia a lo largo del tiempo y puede verse afectado por factores tan distintos como el estrés, el cansancio, el estado de ánimo, los cambios hormonales, algunos medicamentos o la propia dinámica de pareja.

También conviene evitar una idea bastante extendida: pensar que para tener una vida sexual satisfactoria siempre deberíamos sentir unas ganas espontáneas e intensas antes de iniciar cualquier acercamiento. En algunas personas el deseo aparece de manera más espontánea, mientras que en otras puede surgir después de empezar a conectar, acariciarse o crear un contexto íntimo. No experimentar constantemente deseo espontáneo no implica por sí mismo que exista un problema.

Lo importante es observar qué está ocurriendo, desde cuándo y cómo te hace sentir. Si llevas un tiempo pensando "no me apetece tener sexo con mi pareja", entender la causa suele ser mucho más útil que intentar obligarte a recuperar las ganas cuanto antes.

Por qué no me apetece tener sexo con mi pareja

La libido no funciona como un interruptor independiente del resto de nuestra vida. El deseo sexual depende de factores físicos, emocionales, relacionales y contextuales, y varios de ellos pueden estar actuando al mismo tiempo.

Entre las causas habituales de una disminución del deseo se encuentran:

  • Estrés y cansancio. Una carga elevada de trabajo, problemas económicos, responsabilidades familiares o simplemente dormir poco pueden dejar muy poco espacio mental para la sexualidad.
  • Ansiedad, tristeza o bajo estado de ánimo. Cuando gran parte de nuestra atención está dedicada a preocupaciones, puede resultar difícil conectar con sensaciones agradables o eróticas.
  • Problemas en la relación. Conflictos acumulados, resentimiento, sensación de distancia emocional, poca comunicación o falta de confianza pueden disminuir el interés sexual.
  • Rutina sexual. Si los encuentros se han vuelto muy previsibles o se viven como una obligación, es posible que disminuya la motivación para iniciarlos.
  • Dolor, incomodidad o dificultades sexuales. La sequedad vaginal, el dolor durante las relaciones, las dificultades para alcanzar el orgasmo o problemas como la disfunción eréctil y sus posibles causas psicológicas pueden hacer que el sexo empiece a asociarse con preocupación en lugar de placer.
  • Cambios hormonales. El embarazo, el posparto, la lactancia, la menopausia y otros cambios fisiológicos pueden influir en el deseo.
  • Algunos medicamentos. Determinados antidepresivos y otros tratamientos pueden producir efectos secundarios sexuales.
  • Enfermedades o problemas médicos. Alteraciones tiroideas, diabetes, dolor crónico y otras condiciones pueden afectar directa o indirectamente a la libido.

Por eso, preguntarte únicamente cómo aumentar tu libido puede ser insuficiente. Una pregunta más útil sería: ¿qué ha cambiado en mi vida, en mi cuerpo o en mi relación desde que tengo menos deseo?

¿Y si tengo deseo sexual, pero no con mi pareja?

Este matiz es importante. No es exactamente lo mismo experimentar una disminución general de la libido que seguir teniendo fantasías, masturbándote o sintiendo atracción sexual, pero no tener ganas de mantener relaciones con tu pareja.

En este segundo caso puede ser útil explorar la relación con algo más de profundidad. Puede existir enfado acumulado, falta de conexión emocional, una dinámica sexual que no resulta satisfactoria, presión para mantener relaciones, pérdida de admiración, cambios en la atracción o simplemente necesidades que nunca se han hablado.

Esto tampoco significa automáticamente que la relación esté condenada. A veces el deseo disminuye porque la sexualidad de la pareja ha terminado convirtiéndose en una rutina en la que ninguno explica realmente qué necesita.

Otra posibilidad es que exista una diferencia de deseo. Es muy frecuente que dos personas no quieran mantener relaciones con exactamente la misma frecuencia. El problema aparece cuando esa diferencia comienza a interpretarse como rechazo, falta de amor o una obligación que hay que cumplir.

No querer mantener relaciones sexuales en un momento determinado no es algo que tengas que justificar. El objetivo no debería ser obligarte a sentir deseo, sino entender qué condiciones facilitan o bloquean tu sexualidad.

Qué hacer si no me apetece tener sexo con mi pareja: 4 consejos

No existe una técnica universal para recuperar el deseo. Sin embargo, sí podemos modificar algunas dinámicas que suelen mantener el problema.

1. Habla de lo que te ocurre sin convertirlo en un reproche

Muchas parejas evitan hablar directamente de sexo hasta que la situación empieza a generar frustración. Una persona siente que no tiene ganas y la otra interpreta esa falta de iniciativa como rechazo.

Conviene hablar en un momento tranquilo, fuera de cualquier intento de iniciar relaciones sexuales. Puedes explicar qué estás experimentando sin responsabilizar a la otra persona de solucionarlo.

Por ejemplo, es diferente decir que últimamente estás cansado y te cuesta conectar con el deseo que decir que nunca te apetece porque tu pareja no sabe seducirte.

También es importante poder explicar preferencias, límites, inseguridades y cosas que echas de menos. Si generalmente te cuesta hacerlo, puede ayudarte entender por qué a algunas personas les cuesta hablar de sus sentimientos.

2. No conviertas el sexo en una obligación

Cuando una persona empieza a pensar que debería tener sexo para que su pareja no se enfade, evitar una discusión o demostrar que sigue enamorada, puede aparecer un círculo bastante contraproducente.

Si cada acercamiento físico termina interpretándose como el comienzo obligatorio de una relación sexual, también es posible que empieces a evitar besos, abrazos o caricias para no generar expectativas.

Por eso conviene recuperar formas de contacto que no tengan necesariamente que terminar en sexo. Besarse, abrazarse, darse un masaje, dormir juntos, acariciarse o simplemente tener un momento íntimo pueden ayudar a eliminar presión.

Y si no quieres continuar, puedes parar. Aprender a expresar estas necesidades resulta especialmente importante si habitualmente te sientes culpable al poner límites.

3. Observa qué condiciones favorecen tu deseo

En lugar de esperar pasivamente a que aparezcan las ganas, intenta identificar cuándo resulta más fácil que aparezcan.

Quizá tienes mayor deseo cuando has descansado, cuando disponéis de tiempo, después de una cita, durante las vacaciones, cuando habéis hablado y conectado emocionalmente o cuando existe cierto juego previo durante el día.

También merece la pena preguntarte qué lo bloquea. Tener relaciones siempre tarde y estando agotados, hacerlo con prisa, falta de privacidad, preocupaciones sobre el propio cuerpo o anticipar que el encuentro será exactamente igual que los anteriores pueden disminuir el interés.

El objetivo no consiste en programar mecánicamente el deseo, sino en crear un contexto en el que tenga más posibilidades de aparecer.

Explorar novedades también puede ayudar cuando existe monotonía, siempre que ambos estéis cómodos con ellas. No hace falta realizar grandes cambios. Alterar el contexto, dedicar más tiempo a las caricias, hablar de fantasías o probar formas distintas de intimidad puede ser suficiente para romper algunos automatismos.

4. Revisa también los factores que no dependen de la pareja

Es fácil atribuir una bajada del deseo a la relación cuando el problema puede estar parcialmente fuera de ella.

Piensa en los últimos meses. ¿Duermes peor? ¿Estás sometido a mucho estrés? ¿Has empezado alguna medicación? ¿Estás atravesando una etapa de ansiedad o tristeza? ¿Hay dolor durante las relaciones? ¿Ha habido algún cambio hormonal o físico importante?

Si existe una causa médica posible, conviene hablar con un profesional sanitario en lugar de modificar tratamientos por tu cuenta. Cuando un medicamento afecta al deseo sexual, por ejemplo, puede haber alternativas, pero no deberías suspender una medicación prescrita sin supervisión médica.

Cuándo la falta de deseo puede necesitar ayuda profesional

Una disminución puntual del deseo no suele requerir tratamiento. Hay temporadas en las que simplemente tenemos menos interés sexual.

Sin embargo, puede ser recomendable pedir ayuda cuando la situación se mantiene durante meses, te produce un malestar importante o está generando conflictos frecuentes en la relación.

También conviene consultar si:

  • El cambio de libido ha aparecido de forma brusca sin una explicación clara.
  • Existe dolor durante las relaciones sexuales.
  • Hay dificultades persistentes de excitación, erección u orgasmo.
  • Sospechas que algún medicamento está influyendo.
  • Existen síntomas físicos o cambios hormonales relevantes.
  • La sexualidad genera ansiedad, miedo, culpa o rechazo intenso.
  • Hay conflictos de pareja que no conseguís resolver hablando entre vosotros.

Dependiendo del origen del problema puede ser apropiado consultar con medicina de familia, ginecología, urología, psicología o un profesional especializado en sexología.

Cómo puede ayudar un sexólogo

La terapia sexual no consiste simplemente en enseñar técnicas para aumentar la libido. Primero intenta comprender por qué el deseo ha disminuido y qué factores lo están manteniendo.

En consulta pueden explorarse las expectativas sobre el sexo, la comunicación de pareja, la ansiedad anticipatoria, experiencias sexuales insatisfactorias, problemas de autoestima, dificultades de excitación o determinadas creencias sobre cómo debería funcionar la sexualidad.

Cuando existe pareja, algunas intervenciones también pueden realizarse conjuntamente. El objetivo puede ser mejorar la comunicación, reducir la presión alrededor del sexo y reconstruir progresivamente la intimidad.

Si se sospecha que existe una causa hormonal, farmacológica o médica, será necesario complementarlo con una valoración sanitaria adecuada.

En conclusión

Que durante una temporada no te apetezca tener sexo con tu pareja no significa necesariamente que haya desaparecido el amor ni que exista una disfunción sexual. El deseo es sensible al contexto y puede cambiar con el estrés, el cansancio, la salud, las emociones y la propia evolución de una relación.

Antes de obsesionarte con recuperar tu libido, intenta entender qué está ocurriendo. Habla con tu pareja, elimina la presión por tener relaciones, identifica qué facilita tu deseo y revisa posibles factores físicos o psicológicos.

Si la situación persiste, te genera sufrimiento o está afectando de forma importante a vuestra relación, pedir ayuda profesional puede permitir identificar la causa y trabajar sobre ella de una manera mucho más específica.

Preguntas frecuentes

¿Es normal que no me apetezca tener sexo con mi pareja?

Sí. El deseo sexual puede variar considerablemente según el estrés, el cansancio, la salud, el estado emocional y la situación de pareja. Conviene prestarle más atención cuando el cambio es persistente, genera malestar o afecta de forma importante a la relación.

¿No tener ganas de sexo significa que ya no quiero a mi pareja?

No necesariamente. Amor, atracción y deseo sexual están relacionados, pero no son exactamente lo mismo. Puedes querer a tu pareja y atravesar una etapa de menor libido por motivos personales, físicos o relacionales.

¿Por qué tengo deseo sexual pero no con mi pareja?

Puede estar relacionado con conflictos pendientes, rutina, presión sexual, falta de conexión, una dinámica sexual poco satisfactoria o cambios en la atracción. No existe una única explicación, por lo que conviene analizar cómo ha evolucionado la relación y la sexualidad compartida.

¿Debo tener relaciones aunque no me apetezca para recuperar el deseo?

No deberías sentirte obligado a mantener relaciones sexuales. Reducir la presión, recuperar otras formas de intimidad y entender qué facilita tu deseo suele ser más útil que forzarte a mantener encuentros que no deseas.

¿Cuándo debería consultar a un sexólogo por falta de deseo?

Puede ser recomendable cuando la disminución del deseo se mantiene, te preocupa, causa conflictos frecuentes o está asociada a ansiedad, rechazo o dificultades sexuales. Si existen dolor, síntomas físicos o posibles efectos de una medicación, también conviene realizar una valoración médica.

Fuentes

Sigue leyendo

Más notas de psicología

Siguiente paso

Empieza con una sesión individual

Online, desde cualquier lugar, o presencial en Madrid centro.