En el trabajo no siempre resulta fácil decir lo que pensamos. Podemos tener claro que algo nos molesta, que estamos asumiendo demasiadas tareas o que queremos pedir una mejora de nuestras condiciones y, aun así, no encontrar la manera adecuada de expresarlo.
Algunas personas optan por callarse para evitar conflictos. Otras aguantan durante semanas hasta que terminan reaccionando de forma brusca. Entre ambos extremos encontramos la comunicación asertiva: expresar lo que necesitamos o pensamos con claridad, pero sin atacar ni ignorar los derechos de la otra persona.
La asertividad forma parte de las habilidades sociales que podemos aprender y entrenar. No es un rasgo que algunas personas tengan y otras no. Podemos mejorarla mediante práctica, especialmente en aquellas situaciones que más inseguridad nos generan.
A continuación veremos tres situaciones laborales habituales y cómo podrían responderse desde un estilo pasivo, agresivo o asertivo.
¿Qué significa ser asertivo en el trabajo?
Ser asertivo no significa hablar con dureza, ganar todas las discusiones ni conseguir siempre lo que queremos.
Significa poder comunicar una necesidad, una opinión o un límite respetando tanto nuestros intereses como los de la otra persona.
Podemos distinguir tres estilos generales.
La comunicación pasiva aparece cuando evitamos expresar nuestras necesidades para no incomodar, provocar un conflicto o decepcionar a alguien.
La comunicación agresiva intenta imponer nuestra posición mediante ataques, acusaciones, amenazas o un tono innecesariamente hostil.
La comunicación asertiva busca comunicar el problema de forma clara, concreta y respetuosa.
La diferencia puede parecer pequeña sobre el papel, pero cambia mucho la dinámica de una conversación.
1. Un compañero te pasa constantemente parte de su trabajo
Imaginemos que un compañero lleva varias semanas pidiéndote que termines tareas que le corresponden a él.
Al principio le ayudaste porque tenía mucho trabajo. Sin embargo, lo que parecía algo puntual empieza a convertirse en costumbre y tú estás asumiendo cada vez más carga.
Respuesta pasiva
Podrías decir:
“Estoy bastante ocupado, pero bueno, si no consigues terminarlo te ayudo.”
El problema de esta respuesta es que no comunica realmente lo que quieres.
Probablemente estás molesto y quieres dejar de asumir su trabajo, pero tu respuesta vuelve a dejar abierta la posibilidad de hacerlo.
A corto plazo evitas una conversación incómoda. A largo plazo, probablemente aumentarán el enfado y la sensación de estar siendo utilizado.
Esto ocurre especialmente en personas a las que les cuesta decir que no porque temen parecer egoístas, antipáticas o poco colaboradoras. En esos casos también puede aparecer culpa al poner límites.
Respuesta agresiva
En el extremo contrario podrías contestar:
“Estoy harto de hacer tu trabajo. Me tratas como si fuera tu esclavo. Eres un desconsiderado.”
Aquí sí expresamos el enfado, pero atacamos directamente a la otra persona.
Etiquetarla como “desconsiderada” probablemente hará que se defienda y que la conversación se convierta en una discusión sobre quién tiene razón.
Respuesta asertiva
Una alternativa podría ser:
“Estos últimos días he asumido varias tareas tuyas para echarte una mano, pero ahora necesito centrarme en mis propias responsabilidades. A partir de hoy no puedo seguir haciéndome cargo de ellas.”
La diferencia es importante.
No necesitamos justificar durante diez minutos por qué tenemos derecho a negarnos. Tampoco necesitamos atacar al compañero.
Describimos la situación y comunicamos el límite.
Si insiste, podemos repetirlo:
“Entiendo que tengas mucho trabajo, pero yo también necesito terminar mis tareas. No puedo asumir esta.”
A veces ser asertivo significa precisamente tolerar que la otra persona no quede encantada con nuestra respuesta.
2. Llegas a un trabajo nuevo y quieres conocer a tus compañeros
La asertividad no sirve únicamente para resolver conflictos.
También interviene cuando queremos iniciar relaciones, pedir información o participar más activamente en un grupo.
Imaginemos que empiezas en una empresa nueva y todavía no conoces prácticamente a nadie.
Respuesta pasiva
Podrías esperar a que los demás se acerquen.
Quizá pienses:
“Si quieren conocerme, ya vendrán”.
No existe nada malo en ser reservado, pero esperar permanentemente a que los demás den el primer paso puede dificultar nuestra integración.
Además, cuando estamos inseguros podemos interpretar erróneamente la falta de iniciativa de los demás como rechazo, cuando quizá simplemente están ocupados o esperan exactamente lo mismo de nosotros.
Respuesta agresiva o excesivamente defensiva
Otra posibilidad consiste en intentar transmitir indiferencia:
“No necesito hacer amigos aquí. Yo he venido a trabajar”.
Esta actitud puede funcionar como una especie de protección.
Si nos mostramos distantes, reducimos la posibilidad de sentirnos rechazados. El precio es que también reducimos las oportunidades de establecer relaciones positivas.
Respuesta asertiva
Podemos adoptar una postura mucho más sencilla:
“Hola, soy Carlos. He empezado hoy en el equipo de marketing. ¿Tú llevas mucho tiempo trabajando aquí?”
No necesitamos convertirnos en la persona más extrovertida de la oficina.
Basta con mostrar disponibilidad para interactuar y asumir una pequeña parte de la iniciativa social.
Preguntar qué hace la otra persona, cómo funciona algún procedimiento o dónde suele comer el equipo puede abrir conversaciones de forma natural.
Si este tipo de situaciones te genera mucha inseguridad, trabajar progresivamente algunas formas prácticas de mejorar tus habilidades sociales puede ayudarte.
3. Crees que mereces un aumento de sueldo o una promoción
Pedir un aumento suele ser una de las situaciones profesionales donde más fácilmente aparece la ansiedad.
No solo estamos hablando de dinero. También podemos sentir que estamos poniendo a prueba nuestra valoración dentro de la empresa.
Respuesta pasiva
Una estrategia habitual consiste en lanzar indirectas:
“Supongo que este año habrá revisiones salariales, ¿no?”
O incluso preguntar por la situación de otros compañeros esperando que el responsable entienda el mensaje.
El problema es que la otra persona puede no interpretar nuestras intenciones.
Si queremos hablar de nuestro salario, normalmente resulta más efectivo hablar directamente de nuestro salario.
Respuesta agresiva
En el otro extremo encontramos respuestas como:
“Con todo lo que hago aquí, si no me subís el sueldo voy a empezar a hacer lo mínimo.”
Puede existir una reivindicación legítima detrás de esa frase, pero expresarla como amenaza reduce las posibilidades de mantener una conversación constructiva.
Respuesta asertiva
Una petición más útil podría ser:
“Me gustaría hablar sobre mi evolución en el puesto y revisar mi salario. Durante este último año he asumido estas responsabilidades y he conseguido estos resultados. Creo que sería razonable valorar una actualización de mis condiciones.”
Después podemos exponer datos concretos.
Es preferible hablar de responsabilidades, objetivos, resultados o cambios en nuestro puesto que limitarnos a decir que “trabajamos muchísimo”.
También debemos estar preparados para que la respuesta sea negativa.
Ser asertivo no garantiza obtener aquello que pedimos.
Si la empresa rechaza el aumento podemos preguntar:
“¿Qué tendría que ocurrir para que pudiéramos revisar esta cuestión dentro de seis meses?”
Así transformamos una negativa genérica en una conversación más concreta.
Si este tipo de conversaciones laborales te generan una activación muy intensa, puede ser útil revisar también qué hacer cuando el trabajo te provoca ansiedad.
5 claves para comunicarte de forma más asertiva
Los ejemplos anteriores son distintos, pero comparten algunos principios.
1. Habla de conductas concretas
Es mejor decir:
“Esta semana he terminado tres tareas que estaban asignadas a ti.”
que:
“Siempre te aprovechas de mí.”
La primera frase describe algo que puede discutirse. La segunda atribuye una intención a la otra persona.
2. Explica lo que necesitas
No esperes que los demás adivinen lo que quieres.
“Estoy muy cansado” no significa necesariamente “no voy a asumir más tareas”.
Cuanto más clara sea nuestra petición, menor será el margen para malentendidos.
3. No te justifiques excesivamente
Podemos explicar nuestras razones sin construir una defensa de veinte minutos.
Cuando sentimos inseguridad tendemos a acumular argumentos esperando que la otra persona valide nuestro límite.
Pero tener un motivo razonable no significa necesitar permiso para expresarlo.
4. Evita responder en el momento de máxima activación
Si estás extremadamente enfadado, quizá sea mejor esperar unos minutos antes de abordar una conversación delicada.
La ansiedad y el enfado pueden hacer que pasemos rápidamente de evitar el conflicto a reaccionar impulsivamente. Entender las causas que pueden estar detrás de la ansiedad también ayuda a identificar qué situaciones nos activan especialmente.
5. Acepta que poner límites puede resultar incómodo
Esta es probablemente la parte más importante.
Muchas personas esperan sentirse seguras antes de empezar a comunicarse de forma asertiva.
Normalmente ocurre al revés.
Primero ponemos el límite sintiéndonos algo incómodos y, a medida que comprobamos que podemos hacerlo, aumenta nuestra seguridad.
Ser asertivo no consiste en evitar todos los conflictos
Podemos comunicarnos perfectamente y aun así encontrarnos con alguien que se enfada, no acepta nuestra petición o intenta presionarnos.
Eso no significa necesariamente que hayamos hecho algo mal.
El objetivo de la asertividad no es conseguir que todas las interacciones terminen bien, sino poder defender nuestras necesidades sin someternos ni atacar a los demás.
En el entorno laboral esto puede significar decir que no a una tarea que no nos corresponde, pedir explicaciones, expresar un desacuerdo, iniciar una conversación incómoda o negociar nuestras condiciones.
Como cualquier habilidad, mejora con la práctica.
Podemos empezar por situaciones pequeñas y progresivamente enfrentarnos a conversaciones más difíciles. Con el tiempo, aquello que inicialmente nos generaba mucha inseguridad puede convertirse simplemente en otra conversación que sabemos afrontar.
