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5 consejos para caer mejor a otras personas

Querer caer mejor a las personas no tiene por qué ser superficial. En el fondo, muchas veces habla de una necesidad muy humana: conectar, sentirnos aceptados, movernos con más seguridad en grupos y...

5 consejos para caer mejor a otras personas

Hay personas que parecen caer bien con facilidad. No necesariamente son las más divertidas, las más atractivas o las que más hablan. Muchas veces simplemente consiguen que quienes están a su alrededor se sientan cómodos, escuchados y respetados.

Esto es importante porque intentar caer bien no debería significar construir un personaje, decir siempre lo que los demás quieren escuchar o estar pendiente constantemente de su aprobación. De hecho, cuando intentamos agradar demasiado, podemos transmitir justamente lo contrario: inseguridad, tensión o falta de autenticidad.

Las habilidades sociales pueden entrenarse. Y aunque nunca podremos gustar a todo el mundo, sí podemos modificar algunas conductas que facilitan las relaciones y hacen que otras personas disfruten más estando con nosotros.

Qué hace que una persona nos caiga bien

Cuando conocemos a alguien, nuestro cerebro forma rápidamente una primera impresión. Nos fijamos en su expresión facial, su tono de voz, cómo nos mira, cuánto habla de sí mismo, si nos escucha o si parece cómodo estando con nosotros.

Pero caer bien no depende únicamente de esa primera impresión.

Con el tiempo adquieren más importancia cuestiones como la confianza, la reciprocidad, la empatía, el sentido del humor y la forma de tratar a los demás.

Por eso alguien puede parecernos muy carismático durante los primeros diez minutos y resultarnos agotador cuando lo conocemos mejor. Y también puede ocurrir lo contrario: personas inicialmente reservadas que terminan resultándonos especialmente agradables cuando descubrimos cómo son.

Estos cinco consejos pueden ayudarte a mejorar ambas cosas.

1. Interésate por los demás de verdad

Uno de los errores más habituales cuando queremos causar una buena impresión es estar excesivamente pendientes de nosotros mismos.

"¿Qué digo ahora?"

"¿Estaré pareciendo aburrido?"

"¿Qué pensará de mí?"

Mientras pensamos todo esto, dejamos de prestar atención a la persona que tenemos delante.

Una estrategia mucho más útil consiste en desplazar parte de esa atención hacia el otro. Pregunta, escucha la respuesta y utiliza lo que te está contando para continuar la conversación.

Por ejemplo, si alguien te cuenta que acaba de volver de un viaje, probablemente resulte más agradable preguntarle qué fue lo que más le sorprendió que aprovechar inmediatamente para contarle todos los países que has visitado tú.

Esto no significa convertir una conversación en un interrogatorio. La clave está en encontrar un equilibrio entre mostrar curiosidad y compartir también cosas sobre ti.

Las personas suelen recordar especialmente cómo se sintieron durante una interacción. Sentirse escuchado suele dejar una impresión bastante buena.

2. No intentes demostrar constantemente lo interesante que eres

Paradójicamente, esforzarse demasiado por parecer interesante puede hacer que resultemos menos agradables.

Hablar continuamente de nuestros éxitos, corregir a los demás, competir con cada anécdota o intentar demostrar que sabemos más sobre cualquier tema puede transmitir inseguridad en lugar de confianza.

La seguridad personal suele apreciarse precisamente porque no necesita exhibirse constantemente.

Puedes hablar de tus logros, contar experiencias interesantes y expresar tus opiniones. El problema aparece cuando toda conversación termina transformándose en una oportunidad para demostrar nuestro valor.

También es importante tolerar los momentos en los que no tenemos nada especialmente brillante que decir.

No necesitas ser la persona más divertida de la mesa para caer bien.

Si este tipo de situaciones te genera mucha inseguridad, también puede ayudarte trabajar sobre por qué te cuesta mirar a los ojos o determinadas conductas que aparecen cuando estás pendiente de cómo te están evaluando.

3. Transmite calidez, no positividad forzada

Decir simplemente que hay que "ser positivo" puede resultar engañoso.

Una persona que responde a todos los problemas con frases como "no pasa nada", "hay que pensar en positivo" o "todo ocurre por algo" no necesariamente resulta agradable. En determinadas situaciones incluso puede parecer poco empática.

Lo que suele facilitar las relaciones es más bien la calidez interpersonal.

Esto puede expresarse de formas bastante sencillas:

  • Sonreír cuando la situación lo invita.
  • Utilizar un tono de voz amable.
  • Celebrar sinceramente una buena noticia de otra persona.
  • No buscar inmediatamente el defecto de todo lo que alguien propone.
  • Validar una emoción antes de intentar solucionar un problema.
  • Introducir humor sin utilizar constantemente a otras personas como objetivo.

Puedes ser una persona agradable y reconocer al mismo tiempo que hay situaciones difíciles.

No necesitas fingir entusiasmo permanente.

4. Haz que la conversación sea recíproca

Todos hemos conocido alguna vez a alguien con quien, después de media hora hablando, sabemos dónde trabaja, dónde vive, qué problemas tiene con su jefe y qué hizo durante sus últimas vacaciones, mientras esa persona apenas sabe nuestro nombre.

También existe el extremo contrario: personas que contestan con monosílabos y obligan al otro a cargar con toda la conversación.

Una interacción agradable suele funcionar como una especie de intercambio.

Cuando alguien comparte algo personal, puedes interesarte y también aportar alguna experiencia propia. Cuando llevas un rato hablando de ti, puedes devolver la conversación hacia la otra persona.

No hace falta calcularlo matemáticamente. Basta con observar si existe cierta reciprocidad.

Una señal útil es preguntarte después de una conversación:

"¿He tenido curiosidad por esta persona o simplemente estaba esperando mi turno para hablar?"

También importa permitir cierto grado de vulnerabilidad. Una conversación formada únicamente por frases correctas y temas superficiales puede resultar educada, pero difícilmente genera conexión.

Si habitualmente mantienes mucha distancia porque te cuesta hablar de tus sentimientos, puedes empezar compartiendo cosas pequeñas en lugar de obligarte a realizar grandes confesiones.

5. Cuida tu lenguaje corporal y tu disponibilidad

Antes incluso de empezar una conversación ya estamos comunicando.

Mirar constantemente el móvil, responder sin levantar la vista, mantener los brazos tensos o permanecer pendiente de quién entra por la puerta puede transmitir que preferiríamos estar en cualquier otro lugar.

En cambio, determinados comportamientos hacen que resulte más fácil acercarse a nosotros:

  • Orientar el cuerpo hacia la persona que está hablando.
  • Mantener un contacto visual natural.
  • Evitar consultar continuamente el teléfono.
  • Mantener una expresión facial acorde con la conversación.
  • Respetar una distancia física cómoda.
  • Mostrar que estás escuchando mediante pequeños gestos o respuestas.

Esto no significa que debas controlar cada movimiento.

De hecho, estar demasiado pendiente de tu lenguaje corporal puede hacerte parecer más rígido.

La idea es mucho más sencilla: cuando estés con alguien, intenta estar realmente ahí.

Lo que no deberías hacer para caer bien

También merece la pena hablar de algunas estrategias que pueden funcionar a corto plazo pero generar problemas con el tiempo.

Una de ellas es estar siempre de acuerdo.

Si cambias constantemente de opinión para coincidir con los demás, quizá evites algunos conflictos, pero también puedes transmitir poca autenticidad.

Otra es aceptar cualquier petición para evitar decepcionar. Cuando esto se convierte en un patrón, puede terminar apareciendo resentimiento. Si te ocurre, puede ser útil entender por qué te sientes culpable al poner límites.

Tampoco necesitas reír todas las bromas, ocultar tus preferencias o fingir interés por todo.

Caer bien y necesitar aprobación son cosas distintas.

Puedes ser amable y al mismo tiempo decir que no.

Puedes escuchar una opinión y no compartirla.

Y puedes comportarte correctamente con alguien sin necesidad de conseguir que esa persona te quiera.

No vas a caer bien a todo el mundo

Este es probablemente el punto más importante.

No existe una combinación de habilidades sociales que consiga que gustes a todas las personas que conozcas.

A alguien puedes parecerle demasiado tranquilo y a otra persona demasiado intenso. Una persona puede disfrutar de tu sentido del humor y otra encontrarlo irritante.

Las relaciones dependen también de compatibilidad, personalidad, experiencias previas y preferencias individuales.

Por eso, un objetivo mucho más saludable que "quiero caer bien a todo el mundo" sería:

quiero relacionarme de una forma abierta, respetuosa y auténtica que facilite que las personas compatibles conmigo puedan conocerme.

Ese objetivo sí depende bastante más de ti.

En conclusión

Si quieres caer mejor a otras personas, probablemente no necesites hablar más, hacerte el gracioso ni demostrar constantemente tus cualidades.

Interésate sinceramente por quien tienes delante, escucha, comparte la conversación, transmite calidez y procura estar presente.

Y, sobre todo, no confundas habilidades sociales con convertirte en alguien diferente para obtener aprobación.

Normalmente las personas con las que estamos más cómodos no son aquellas que intentan impresionarnos a toda costa, sino aquellas con las que podemos sentirnos cómodos siendo nosotros mismos.

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