Trabajar mucho no significa necesariamente tener una adicción al trabajo. Hay épocas en las que un proyecto, una empresa propia, unas oposiciones o determinadas responsabilidades nos obligan a dedicar más horas de lo habitual a nuestra actividad profesional.
El problema empieza cuando trabajar deja de ser solamente una actividad importante y se convierte en algo difícil de controlar. La persona siente que debería continuar trabajando incluso cuando no es necesario, le cuesta desconectar y empieza a sacrificar sistemáticamente descanso, relaciones o salud.
A este fenómeno se le suele llamar workaholism o adicción al trabajo. Aunque se estudia desde hace décadas en psicología, no debemos utilizar el término como un diagnóstico que podamos hacernos nosotros mismos. Lo relevante es detectar cuándo nuestra relación con el trabajo se está volviendo problemática.
Y existe una diferencia fundamental: no es lo mismo disfrutar mucho trabajando que sentir que necesitas hacerlo continuamente.
¿Qué es la adicción al trabajo?
La investigación suele describir el workaholism mediante dos elementos especialmente importantes: trabajar excesivamente y hacerlo de manera compulsiva.
Es decir, la cuestión no está únicamente en el número de horas.
Una persona puede trabajar muchas horas durante unas semanas debido a una situación excepcional y conservar una relación saludable con su empleo. En cambio, otra podría trabajar menos horas pero sentirse constantemente preocupada por el trabajo, incapaz de desconectar o culpable cuando descansa.
Por eso resulta útil preguntarnos qué función está teniendo el trabajo en nuestra vida.
¿Trabajo porque quiero terminar un proyecto concreto o porque me resulta insoportable no estar haciendo algo productivo? ¿Puedo descansar sin sentir culpa? ¿Puedo dejar un correo para mañana? ¿Mis relaciones están sufriendo porque nunca estoy realmente disponible?
Estas preguntas pueden decirnos más que mirar únicamente el reloj.
Además, conviene distinguir la adicción al trabajo del compromiso laboral. Una persona muy implicada puede disfrutar profundamente de su profesión y dedicarle esfuerzo sin que eso suponga necesariamente un problema. La diferencia aparece cuando existe pérdida de control y consecuencias negativas.
8 señales de una relación poco saludable con el trabajo
Una señal aislada no demuestra que exista una adicción. Sin embargo, cuando varias de estas situaciones aparecen de manera frecuente y se mantienen durante meses, merece la pena prestar atención.
1. Solo consigues sentirte tranquilo cuando estás trabajando
Una de las señales más características aparece precisamente cuando dejamos de trabajar.
Podemos sentir inquietud durante el fin de semana, pensar constantemente en tareas pendientes o tener la sensación de que estamos «perdiendo el tiempo» cuando simplemente descansamos.
El problema no es pensar alguna vez en el trabajo fuera del horario laboral. Eso nos ocurre prácticamente a todos.
La señal de alarma aparece cuando trabajar se convierte en nuestra principal forma de reducir ansiedad, culpa o malestar.
Por ejemplo, alguien puede terminar su jornada, sentarse en el sofá y experimentar una inquietud creciente hasta que vuelve a abrir el ordenador «solo para adelantar unas cosas».
El alivio que obtiene al hacerlo puede reforzar progresivamente ese comportamiento.
2. Te cuesta mucho decir que no
Aceptar continuamente nuevos proyectos, clientes y responsabilidades puede parecer inicialmente una señal de ambición.
Pero también puede esconder dificultades para establecer límites.
La persona puede pensar:
«Si digo que no, pensarán que no estoy comprometido».
«Podría hacerlo yo y quedaría mejor».
«Si tengo tiempo libre debería aprovecharlo».
El resultado es que la carga de trabajo crece progresivamente hasta ocupar prácticamente cualquier espacio disponible.
Aprender a rechazar determinadas tareas no significa ser menos responsable. Significa reconocer que nuestra capacidad es limitada.
3. Sacrificas el descanso sistemáticamente
Dormir seis horas una noche porque tenemos una entrega excepcional es una cosa.
Dormir poco prácticamente todos los días porque siempre encontramos otra tarea pendiente es diferente.
Las personas con una relación compulsiva con el trabajo pueden retrasar constantemente la hora de acostarse, trabajar durante fines de semana o seguir contestando mensajes desde la cama.
Y existe un problema adicional: el cansancio reduce nuestra capacidad para concentrarnos y tomar decisiones, por lo que podemos necesitar todavía más tiempo para realizar las mismas tareas.
Además, las jornadas laborales extremadamente largas no son inocuas. La OMS y la Organización Internacional del Trabajo han relacionado trabajar 55 horas semanales o más de manera prolongada con un mayor riesgo de cardiopatía isquémica y accidente cerebrovascular respecto a jornadas de 35-40 horas.
4. Tus relaciones empiezan a resentirse
Es habitual que una pareja, un amigo o un familiar nos diga alguna vez que trabajamos demasiado.
La cuestión es qué ocurre cuando escuchamos el mismo mensaje repetidamente.
Cancelar planes constantemente, mirar el teléfono durante una cena, responder correos mientras alguien nos habla o no estar nunca disponible puede deteriorar poco a poco nuestras relaciones.
A veces estamos físicamente presentes pero mentalmente seguimos trabajando.
La literatura científica sobre workaholism ha encontrado asociaciones entre esta forma compulsiva de trabajar, menor bienestar y conflictos entre la vida laboral y familiar.
5. Tu perfeccionismo te impide terminar
El perfeccionismo puede parecer una ventaja profesional.
Hasta cierto punto, cuidar los detalles es positivo. El problema aparece cuando nuestros estándares son tan elevados que resulta difícil considerar terminado cualquier trabajo.
Revisamos cinco veces un correo sencillo, retrasamos una entrega porque siempre encontramos algo que modificar o dedicamos tres horas a una tarea que razonablemente requeriría una.
En ese momento el perfeccionismo deja de mejorar el resultado y empieza a deteriorar nuestra eficiencia.
No buscamos hacer las cosas bien: necesitamos sentir que son impecables antes de permitirnos parar.
6. Necesitas controlarlo todo
Otra señal frecuente es pensar que las cosas solo saldrán correctamente si las hacemos nosotros.
Esto puede generar comportamientos de supervisión excesiva, dificultad para confiar en compañeros o necesidad de participar en decisiones que realmente podrían resolverse sin nosotros.
La paradoja es evidente.
Cuanto más control intentamos ejercer, más responsabilidades acumulamos. Y cuanto más trabajo tenemos, mayor es nuestra sensación de que necesitamos estar permanentemente pendientes.
7. Eres incapaz de delegar
Delegar supone asumir algo incómodo: otra persona quizá hará una tarea de forma diferente a nosotros.
No necesariamente peor. Diferente.
Para una persona extremadamente perfeccionista o controladora, tolerar esa incertidumbre puede ser difícil. Así que termina haciendo tareas que deberían corresponder a otras personas.
Esto resulta especialmente frecuente entre responsables de equipos, autónomos y empresarios.
Podemos acabar diciendo aquello de «tardo menos haciéndolo yo que explicándolo».
Quizá sea cierto la primera vez. Pero si repetimos esa lógica durante años, terminamos convirtiéndonos en el cuello de botella de nuestro propio trabajo.
8. Tu cuerpo empieza a pedirte que pares
No existe un síntoma físico específico que permita diagnosticar una adicción al trabajo.
Sin embargo, trabajar de forma excesiva y mantener niveles elevados de estrés durante mucho tiempo puede acompañarse de problemas de sueño, tensión muscular, dolores de cabeza, cansancio, molestias gastrointestinales o sensación constante de activación.
Las investigaciones sobre workaholism han encontrado asociaciones con estrés, peor calidad del sueño y distintos indicadores de peor salud, aunque todavía existen cuestiones abiertas sobre las relaciones causales entre estos factores.
Por eso conviene evitar un error habitual: normalizar cualquier síntoma simplemente porque «estamos trabajando mucho».
Nuestro cuerpo también pone límites.
Trabajar mucho no siempre significa tener un problema
Este matiz es importante.
Una persona puede estar profundamente implicada en su profesión, montar una empresa, disfrutar trabajando diez horas un determinado día o atravesar unas semanas de enorme actividad sin tener una adicción.
La pregunta fundamental no es «¿cuántas horas trabajo?», sino qué ocurre si intentamos parar.
¿Podemos hacerlo?
¿Seguimos disfrutando de otras áreas de nuestra vida?
¿Elegimos trabajar más o sentimos que no tenemos otra opción psicológica?
¿Nuestra salud, relaciones y descanso continúan teniendo espacio?
Cuando trabajar mucho responde a una elección y podemos desconectar después, estamos ante una situación muy diferente de aquella en la que el trabajo se ha convertido en una necesidad compulsiva.
¿Qué hacer si te reconoces en estas señales?
El primer paso puede ser observar nuestra conducta durante algunas semanas.
Anota aproximadamente cuántas horas trabajas, qué haces cuando termina tu jornada y qué emociones aparecen cuando intentas descansar.
También puedes empezar introduciendo límites muy concretos: establecer una hora máxima para terminar, reservar determinadas franjas sin correo electrónico o recuperar actividades que no estén relacionadas con la productividad.
Y presta atención a algo aparentemente sencillo: cómo te sientes cuando no produces.
Si descansar genera culpa, ansiedad o una fuerte necesidad de volver al trabajo, quizá exista algo más profundo que merece la pena explorar.
Un psicólogo puede ayudarte a analizar qué mantiene ese patrón. En algunos casos encontramos perfeccionismo, miedo al fracaso, necesidad de reconocimiento, dificultades para establecer límites o una autoestima excesivamente vinculada al rendimiento profesional.
No se trata necesariamente de trabajar menos.
Se trata de conseguir que trabajar vuelva a ser una parte de tu vida y no aquello alrededor de lo cual tiene que organizarse todo lo demás.
¿Necesitas ayuda psicológica?
Me llamo Javier Ares Arranz y soy psicólogo especialista en Psicología General Sanitaria por la UDIMA, además de contar con otras formaciones y habilitaciones profesionales que puedes consultar en mi LinkedIn.
Si sientes que el trabajo ocupa prácticamente todo tu espacio mental, te resulta difícil desconectar o está empezando a afectar a tu salud y tus relaciones, puedes ponerte en contacto conmigo.
Fuentes
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- Clark, M. A., Smith, R. W., & Haynes, N. J. (2020). The multidimensional workaholism scale: Linking the conceptualization and measurement of workaholism. Journal of Applied Psychology, 105(11), 1281–1307. https://doi.org/10.1037/apl0000484
- Quinones, C., & Griffiths, M. D. (2015). Addiction to work: A critical review of the workaholism construct and recommendations for assessment. Journal of Psychosocial Nursing and Mental Health Services, 53(10), 48–59. https://doi.org/10.3928/02793695-20150923-04
- World Health Organization & International Labour Organization. (2021). Long working hours increasing deaths from heart disease and stroke: WHO, ILO. World Health Organization.
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