Creo que tengo ansiedad: ¿me debería preocupar?

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La ansiedad es algo que hoy en día está en boca de todos, muchos dicen «tengo ansiedad» pero verdaderamente ¿quién tiene ansiedad?. En este artículo te voy a contar cuáles son los principales puntos por los que empezar a preocuparte por ello pero sobre todo a OCUPARTE de ello.

Querer vivir nuestras vidas sin una pizca de ansiedad equivaldría a tener la intención de correr una maratón en la montaña descalzos: no sólo sería imposible, sino que, además, nos haríamos mucho daño en el trayecto. En una carrera por la montaña nos encontraremos con caminos sinuosos e intrincados, sobrepoblados de rocas y raíces salientes. Por su parte, los desafíos de la vida son tantos que difícilmente podríamos describirlos. La ansiedad funciona como una aliada para enfrentarnos a las dificultades que conlleva el mero hecho de estar vivos. Siguiendo con la metáfora inicial, la ansiedad es “nuestro par de zapatillas” que nos protege y nos permite transitar el camino sin exponernos a grandes riesgos. Gracias a ella, somos capaces de desplegar estrategias útiles para adaptarnos al medio, como veremos más adelante.

Ahora bien, también es cierto que a simple vista esta conceptualización de la ansiedad difiere con lo que pacientes manifiestan cuando están atravesando un trastorno de ansiedad. La ansiedad parece estar lejos de ser algo útil o protector. Aunque en sí misma sea adaptativa, la ansiedad para estas personas resulta excesivamente displacentera y en ocasiones inhabilitante para llevar a cabo tareas cotidianas. Podemos pensar en, por ejemplo, personas que sufren un trastorno de pánico o una fobia social: sienten que su ansiedad les retiene de hacer la compra del supermercado o trabajar fuera de casa.

En psicología, el umbral entre lo normal y lo patológico es difícil de distinguir. Es éste uno de los motivos por lo que esta dicotomía es criticada en la actualidad. Sin perder de vista estos aspectos, en este artículo expondremos en qué circunstancias podemos hablar de que la ansiedad se ha tornado una enfermedad (o potencialmente podría desencadenar en una) y en qué otras no.

La ansiedad: un mecanismo normal, adaptativo y útil

Como adelantamos en un principio, necesitamos de la ansiedad para vivir. Aunque existe una diversidad de formas de concebir la ansiedad, podríamos convenir que se trata de un sistema complejo de respuestas que se activan con el objetivo de anticipar sucesos o circunstancias que potencialmente pueden volverse incontrolables, imprevisibles o amenazantes hacia los intereses vitales de un individuo. Las respuestas de la ansiedad las conocemos bien: pueden ser fisiológicas —sudoración excesiva en las manos, palpitaciones, respiración agitada—, afectivas y cognitivas —sensación subjetiva de intranquilidad— y conductuales —que dependerán de cada individuo, pero un ejemplo clásico podría ser la imposibilidad de permanecer quieto en un sitio—.

La cualidad anticipatoria de la ansiedad nos permite adaptarnos de forma eficiente al medio. Gracias a ella, podemos prepararnos para el futuro y planificar estrategias para enfrentarnos a situaciones hipotéticas de forma rápida, eficaz y con el menor riesgo posible. A fin de cuentas, la ansiedad nos asegura la supervivencia (y es por ello que ha perdurado junto con nuestra especie); permite que nos protejamos y que notemos cuándo algo o alguien que es valioso para nosotros está potencialmente bajo amenaza.

Cuando la ansiedad se torna desadaptativa

La ansiedad nos pone en marcha para la resolución de un conflicto. Por lo tanto, en sí misma no es patológica, sino que es sumamente útil. No obstante, puede suceder que incluso con la activación de ese conjunto de reacciones conductuales, fisiológicas y cognitivas seamos incapaces de resolver la situación amenazante. Por otra parte, podría ocurrir que el evento amenazante en sí mismo sea difícil de determinar. Muchas personas sienten altos niveles de ansiedad pero no son capaces de determinar qué estímulo ha gatillado esa reacción; reconocen el malestar en el cuerpo, pero cuando intentan ahondar en el porqué se quedan en definiciones difusas, desconocidas, generales. Por si fuera esto poco, también es habitual que muchas personas y pacientes que acuden a los consultorios de psicoterapia tiendan a sobrevalorar la probabilidad de que ocurra un daño y, además, sobreestiman la gravedad de las consecuencias que podría ocasionar éste.

Éstas experiencias comunes nos conducen a la siguiente afirmación: aunque la ansiedad es necesaria, tiene el potencial de tornarse problemática. Aunque no existe consenso al respecto, algunas posiciones teóricas refieren a este tipo de ansiedad crónica o patológica. La ansiedad puede devenir en una enfermedad o trastorno psicológico en aquellos casos en los que provoque un malestar significativo sostenido en el tiempo en una persona y que le dificulte gravemente el llevar a cabo su rutina habitual. Los trastornos psicológicos surgen a partir de la intersección entre distintos factores, tales como: factores genéticos, neuropsicológicos, culturales, rasgos de personalidad, entre otros.

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No por experimentar altos niveles de ansiedad significa que presentemos un potencial diagnóstico de un trastorno de ansiedad. La ansiedad puede ser difícil de regular para una persona ante determinadas circunstancias de su vida, e incluso permanecer por varios días en intensidades significativas, y todavía así no suponer una enfermedad mental. Los trastornos de ansiedad sólo pueden ser diagnosticados por un profesional de la salud mental, como un psicólogo o psiquiatra.

Los trastornos de ansiedad más frecuentes

En los trastornos de ansiedad, la ansiedad que en un principio es útil para la anticipación a situaciones futuras amenazantes se ha tornado desadaptativa. En algunos trastornos, la ansiedad se detona en situaciones donde no hay peligros reales o se sobreestiman los riesgos de que cierto evento ocurra. Entre los trastornos de ansiedad más frecuentes encontramos al trastorno de ansiedad generalizada (TAG); el trastorno por estrés postraumático (TEPT); el trastorno de pánico; la fobia específica; la ansiedad social; y un tiempo atrás solían incluirse dentro de los manuales diagnóstico más usados (por ejemplo, el DSM-IV) al trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) dentro de los trastornos de ansiedad.

En estos casos, la ansiedad se manifiesta de forma desmedida en comparación a los hechos y los pacientes que sufren un trastorno en muchas ocasiones tienen conciencia de ello. Por ejemplo, una persona con una fobia específica puede reconocer que la presencia de un animal, como una paloma o una rata, no suponga un riesgo real que atente contra su vida o integridad. No obstante, la presencia de estos estímulos consiguen estallar la ansiedad.

¿Cuándo hablamos de la ansiedad como una “enfermedad”?

Aunque los criterios para determinar cuándo la ansiedad se ha tornado patológica o no son discutidos en la actualidad, podríamos aseverar que quienes sufren por experimentar cuotas muy altas de ansiedad (hasta tal punto que se vuelve desadaptativa) tienden asimismo a desplegar comportamientos desadaptativos que buscan evitar sentir ansiedad. Veamos esto en detalle a continuación.

Quien sufre un trastorno de pánico no sólo experimenta mucha ansiedad ante la idea de sufrir una crisis, sino que además se comporta de forma tal que intenta evitar toda situación *potencial* en la cual podría sufrir un ataque de pánico. De tal forma, escoge ausentarse a una cena con sus amistades más íntimas. Es así como la persona comienza a desarrollar un bagaje de comportamientos posibles, repetidos y sostenidos en el tiempo, a partir de los cuales evita la situación ansiógena. Sin embargo, es importante notar que estos comportamientos son desadaptativos porque, aunque faltar a un evento social le provee de cierto alivio a su ansiedad, éste es momentáneo. En el mediano o largo plazo, es posible que se arrepienta de no haber estado allí presente, y notará que puso en riesgo algo importante para él o ella como son sus vínculos interpersonales. Por esa razón, podemos hablar de una ansiedad “enfermiza” o “problemática” cuando ésta supone un impedimento para vivir una vida que valga la pena.

Los enfoques a partir de los cuales se puede intervenir sobre los trastornos de ansiedad difiere según la formación de cada terapeuta, aunque la evidencia científica demuestra que las terapias que fomentan de alguna forma la exposición gradual a las situaciones que generan ansiedad son las más eficientes.

Referencias:

Díaz Kuaik, I., & De la Iglesia, G. (2019). Ansiedad: revisión y delimitación conceptual.

American Psychological Association [APA]. (2014). Manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5)

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