¿Cómo sé si he crecido emocionalmente?: 10 señales.

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La madurez emocional es algo que no se adquiere por el simple hecho de ir ganando años. Si bien la edad influye, es necesario hacer un esfuerzo consciente para crecer emocionalmente.

Son varios los indicadores de que una persona es emocionalmente madura, señales que evidencian que ese individuo maneja de forma eficiente sus emociones, sus relaciones y sus objetivos en la vida.

A continuación vamos a descubrir las principales 10 señales de que has crecido emocionalmente, las cuales te pueden servir para ver si eres una persona madura en este sentido y, también, aprender de ellas. ¡Veamoslas!

Señales de que has crecido y te has desarrollado emocionalmente

La madurez, sea del tipo que sea, es algo que va dándose a medida que van pasando los años. Maduramos cognitiva y físicamente a lo largo de nuestra vida, llegando a la plena madurez en estas dos áreas cuando ya tenemos mínimo 20 velas en nuestras tartas de cumpleaños. No obstante, hay un tercer tipo de madurez que, si bien influida por cuántas primaveras hemos vivido, requiere de cierto esfuerzo y conciencia para alcanzarla: la madurez emocional.

El crecimiento emocional se evidencia a partir de varios comportamientos, actitudes y habilidades socioemocionales que no se consiguen por el mero hecho de ganar años. La madurez en este sentido requiere de aprender a gestionar nuestras emociones, evitar que las opiniones ajenas nos dañen y controlar muy bien nuestra forma de encarar el día a día. Es también entender que no somos perfectos, y nunca lo seremos, pero comprender que si hay algo que podemos mejorar en nuestras vidas, debemos hacerlo.

Estas y otras más son las 10 señales que te indican que has crecido emocionalmente:

1. Dejas ir aquello que te hace daño

Crecemos emocionalmente cuando dejamos ir aquello que nos hace daño y valoramos lo que nos hace bien. Aprender a dejar ir, centrarse en las cosas que valen la pena e ignorar las que nos molestan es una habilidad clave para alcanzar el equilibrio emocional. Esta habilidad, indispensable para gozar de buena salud mental, es ciertamente difícil de desarrollar. Un buen primer paso es aprender a reconocer a las personas tóxicas y saber cómo lidiar con sus comportamientos dañinos, evitando que nos provoquen culpa o ira.

2. Te quejas menos y actúas más

Las quejas son tremendamente agotadoras. Nos chupan la energía como si de un agujero negro se tratara, provocándonos cada vez más malestar y haciendo que no podamos ver el mundo bajo otro prisma que el del pesimismo y la negatividad. Las personas maduras emocionalmente no están todo el día quejándose, sino que tratan de darle la vuelta al problema.

Naturalmente, las personas maduras emocionalmente pueden estar disconformes con algo que les han hecho o les ha pasado, pero lejos de quejarse una y otra vez de lo malo que les ha ocurrido, hacen algo para mejorar su situación.  Si te quejas menos y actúas más cada vez que te pasa algo que no te gusta, es otra señal de que has crecido emocionalmente.

3. Celebras el éxito de los demás

Celebrar el éxito de los demás es uno de los indicadores más evidentes de que eres una persona emocionalmente madura. Significa que no les envidias malsanamente y que entiendes que su éxito no es una amenaza ni significa que tú hayas fracasado, sino que, simplemente, a otra persona le está yendo bien. Es ser capaz de reconocer el trabajo y esfuerzo ajeno, aplaudirlo en vez de lanzar críticas denigrantes. Es una actitud muy beneficiosa socialmente, pues genera un clima de respeto y “buenrollismo”

4. No temes pedir ayuda

Muchas personas sienten verdadero pavor a pedir ayuda. Los motivos de esto son muy variados, estando entre ellos la timidez, el miedo a mostrarse vulnerable, ser extremadamente orgulloso o querer demostrar cuán independiente y autónomo se es. Pero las personas, tarde o temprano, tenemos que pedir ayuda. Los humanos somos una especie gregaria, animales sociales que requieren de los demás para poder sobrevivir.

Pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino una necesidad y también muestra de fortaleza y confianza. Es comprender que sin los demás no podemos tener éxito ni crecer como individuos. Pedir ayuda significa que sabes que hay cosas que no puedes hacer solo, pero que con un poco de ayuda sí podrías lograr. Es también ser humilde.

5. Tus relaciones personales son menos conflictivas

Las personas podemos discutir por muchas cosas. Pareciera que el conflicto está en nuestra naturaleza. La realidad es que cuando tenemos egos muy grandes, al chocar entre sí dan lugar a conflictos, discusiones y roces que se podrían haber evitado simplemente hablando las cosas y tratando de ponerse en el lugar del otro. La comunicación asertiva y la empatía son rasgos propios de las personas que han crecido emocionalmente, las cuales contribuyen a evitar todo tipo de conflictos.

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Parte de la madurez emocional significa dejar de ver las relaciones interpersonales como luchas de poder en las que hay ganadores y perdedores. Cuanto tienes relaciones más fluidas, logras trabajar mejor y te sientes más a gusto es porque has aprendido que es mejor tener paz que tratar de llevar la razón, tratas de evitar el conflicto, signo de que has madurado emocionalmente.

6. Aprendes de los errores

Tenemos muy interiorizada la idea de que fallar es un signo de debilidad y fracaso. Esta concepción negativa de cometer errores nos impide verlos como lo que son: oportunidades para aprender. Nadie es perfecto, todos nos equivocamos alguna vez y de los errores cometidos podemos sacar muchas enseñanzas. Despojarse del perfeccionismo obsesivo y aceptar que los errores van a formar parte del camino es un signo inequívoco de madurez emocional.

Cuando comprendemos que los errores son oportunidades para crecer, cambia por completo nuestra perspectiva y podemos emprender proyectos más ambiciosos, sin temor a quedarnos a mitad de camino. Dejamos de ver a los errores como un regreso al punto de partida o una involución, sino como un paso más que nos acerca a la meta. Viendo qué hemos hecho mal nos servirá para no volverlo a hacer y progresivamente nos acercaremos hacia el objetivo que queremos lograr.

7. Has aprendido a abrirte emocionalmente

Amar a alguien significa entregarse a él o ella y, por lo tanto, volvernos vulnerables al exponer nuestros más profundos sentimientos y deseos a alguien que podría acabar dañándonos. Es debido a esta realidad que muchas personas temen comprometerse y se cierran en banda ante cualquier potencial pareja. Ya sea porque tuvieron una mala experiencia en el pasado o porque simplemente ven el amor como algo demasiado arriesgado, evitar abrirse emocionalmente.

No es el caso de las personas emocionalmente maduras. Cuando crecemos en este sentido nos damos cuenta de que la mejor apuesta es abrirnos emocionalmente, abrir nuestro corazón. Es cierto que esto no evitará que nos duela si se da el caso de que nos rechazan, pero, relacionado con el punto anterior, aprenderemos de lo que haya ido mal. Además, sea cual sea el rumbo que tome la relación, tener amor en nuestra vida nos dará la certeza de que hemos vivido, atesorado experiencias y, más importantemente, que habremos conectado emocionalmente con otra persona a un nivel muy profundo.

8. Sabes lo que quieres

A medida que maduramos, somos cada vez más conscientes de lo que queremos y qué no estamos dispuestos a tolerar. No significa ser extremadamente exigente, pero sí tener ciertos estándares, saber lo que queremos en determinados aspectos importantes de nuestras vidas. Implica establecer ciertos límites que nadie, familiares, amigos, pareja o quien sea, debe traspasar. No son límites caprichosos, sino reglas para proteger nuestros derechos y mantener nuestro bienestar psicológico. Eres emocionalmente maduro cuando no estás dispuesto a permitir que los demás violen tus derechos e incumplan tus exigencias.

9. Ya no te importa lo que opinen los demás

La opinión de nuestros seres queridos es importante pero, cuando maduramos emocionalmente, entendemos que no debemos tomarlos como imperativos u órdenes de qué hacer con nuestras vidas, sino sugerencias. Lo que opinen los demás de ti es algo que tú decides si te afecta o no y si crees que te va a servir de algo tenerlo en cuenta. Has crecido emocionalmente cuando eres capaz de convivir con los demás sin dejarte influir por las expectativas que tienen de ti. Al fin y al cabo, lo que hagas con tu vida es cosa tuya, y serás tú, no los demás, quien sabrá qué hacer para encontrarte a gusto y realizado.

10. Conoces tus limitaciones y trabajas para superarlas

Las personas emocionalmente maduras son conscientes de sus limitaciones, puntos débiles que evidencian que es como cualquier otra persona, alguien imperfecto. Obsesionarse con ser perfecto es malsano y sumamente pretencioso, imposible de alcanzar. Hay aspectos de nuestro ser, tanto de personalidad, corporales, habilidades y relacionales, que no podremos cambiar y deberemos aprender a convivir con ellos hasta el fin de nuestros días. No obstante, también hay cosas que sí podemos cambiar, trabajar para superarlas y dar nuestra mejor versión de nosotros mismos.

Reflexión final

Si bien es cuestión de que maduremos emocionalmente con el paso del tiempo, nadie lo hace al mismo ritmo. Todos podemos tener un crecimiento emocional sano, efectivo y motivador para llevar una vida de éxito social y personalmente. Si has visto que muestras todas estas señales de las que acabamos de hablar, ¡enhorabuena! eres una persona muy madura emocionalmente. Por el contrario, si presentas pocas o todavía ninguna de ellas, no te preocupes, la vida es un viaje en el que nunca dejamos de aprender.

Eso sí, si quieres crecer más emocionalmente, deberás hacer un esfuerzo y tener en cuenta todo lo de lo que te hemos hablado. Si lo haces, será cuestión de tiempo que lo consigas. ¡Suerte!

Referencias bibliográficas:

Campbell-Sills, L., Cohan, S. L., & Stein, M. B. (2006). Relationship of resilience to personality, coping, and psychiatric symptoms in young adults. Behaviour research and therapy, 44(4), 585–599.

Goleman, D. (1996): Inteligencia emocional. Barcelona, Kairós.

Mayer, John & Roberts, Richard & Barsade, Sigal. (2008). Human Abilities: Emotional Intelligence. Annual review of psychology. 59. 507-36. 10.1146/annurev.psych.59.103006.093646.

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